Poco a poco, la colonia “Flores Magón” crece y se urbaniza. Un retrato de hace 38 años

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  • Juan Lizárraga Tisnado. NOROESTE-Mazatlán, 28 de septiembre de 1982.

En la orilla de la orilla de Mazatlán, al norte, está la colonia “Flores Magón”. Por sus caminos, a los cuales no se les puede llamar calles, circulan los viejos camiones, pues la Alianza envía a los mejores por la zona costera, el medio de transporte más usado debido a que los colonos son en su mayoría pobres y son pocos los que cuentan con vehículo propio.

La historia de la colonia “Flores Magón” no tiene nada de singular. Como muchas en el puerto, surgió mediante invasiones de predios. Cuatro propietarios reclamaron la propiedad y los cuatro accedieron a vender.

Hace seis años de la invasión y la colonia tiene ahora 126 manzanas, con su escuela primaria, su kínder y su secundaria, una iglesia a medio construir, todo con el esfuerzo del pueblo y lo demás son necesidades que no se han cubierto por la falta de apoyo de las autoridades.

DEL PRESIDENTE, NI AGUA

Del apoyo de las autoridades municipales depende mucho el desarrollo de un asentamiento humano de este tipo. Independientemente del empuje de los mismos colonos, el que, por cierto, no ha faltado en la Flores Magón.

Efrén Alarcón, presidente de la directiva y algunos colonos, comentaban ayer lo anterior.

El trienio de Rafael Tirado Canizales vio nacer a la colonia y fue durante el mandato de Raúl Ledón Márquez cuando tuvieron más apoyo, el cual en la presente administración (José H. Rico) ha sido nulo, señalaron.

Con la cooperación de los colonos y con la ayuda de Ledón Márquez, lograron introducir la energía eléctrica y el alumbrado público en una sección de la colonia.

Se construyó, además de las escuelas, un parque y hay una hectárea enmontada en donde se construirá —quién sabe cuándo—, el mercado de la colonia y las áreas verdes de la misma. (En realidad, todo es monte, todo es áreas verdes: en el fondo de la colonia, confundiéndose con el monte, está un campo deportivo de fútbol donde juegan 14 equipos y aunque lo han solicitado, el ayuntamiento no ha proporcionado una máquina para limpiarlo, para desmontarlo).

Los colonos que escuchaban la plática, espetaron molestos: “A lo único que vienen de Obras Públicas es a vigilar las construcciones para cobrarnos”. El ayuntamiento está pendiente de cobrar el impuesto de todo aquel colono que desea construir o ampliar su casa.

Es el único acercamiento que tienen con las autoridades. Como en otras colonias, la discriminación quizá se deba a que los directivos han sido más afines al Movimiento Revolucionario de Colonias que a la Asociación Cívica.

EL AGUA, EN BARRICAS

Problemas con las compras de los terrenos, con la titulación, no se han tenido. En la Flores Magón se sufre todo por la carencia de agua potable, ya que es muy desventajoso comprarlo a las barricas para el baño y para lavar y a los vendedores de agua purificada para tomar.

Con todo, la colonia Flores Magón avanza. No hay agua potable y hay enfermedades; no hay alumbrado público y hay pandilleros; no cuentan con drenaje y hay insalubridad; las calles están desastrosas y hay incomunicación, pero con su esfuerzo y tesón, la colonia tiene ahora escuelas, iglesia, estadio y una hectárea para mercado y áreas verdes.

Por esta disposición de trabajar de los colonos, el luchador Ricardo Flores Magón no se avergonzaría de que hayan puesto su nombre a la colonia. Ahí viven los obreros por los que él dio su vida.

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