Pánuco, un viejo pueblo minero. Breve reseña de su historia hasta 1982

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Foto: Página de Facebook Pánuco Concordia Sinaloa Empresa minera
  • Dos hermanos del cura hidalgo trabajaron en las minas.
  • Francisco de Ibarra fundó la Villa de San Sebastián.

Por Juan Lizárraga Tisnado, publicado el 23 de septiembre de 1982 en NOROESTE-Mazatlán.

Más de trescientos años marcan la diferencia. Tal es la distancia en el tiempo de la historia minera de Pánuco, cuando el nativo totorame buscaba el brillo ornamental del metal en los arroyos, a la actualidad, cuando por el sistema de flotación, mezclando la tierra con determinados químicos, se extrae la tierra valiosa.

Este proceso que nos explicó el viejo minero Rafael Lizárraga y el gerente de la cooperativa minera, Guillermo Chávez, que fue primero la amalgamación (mezcla de mercurio) y luego la cianuración, le adorna una serie de hechos históricos por demás interesantes que en su memoria guarda gratamente el licenciado Clemente Vizcarra.

La noticia de que algunos de los miembros de esta tribu de cazadores y agricultores había encontrado oro, llegó a oídos de Francisco de Ibarra, el Fénix de los conquistadores, quien, como base para aprovechar este mineral fundó la Villa de San Sebastián, hoy Concordia.

Respaldado económica y políticamente por su poderoso tío, el comendador Diego de Ibarra, el posteriormente gobernador y capitán general de la Nueva Vizcaya extraía los metales de la mina de Charcas (1568) y al continuar explorando otros lugares dejó esta labor a sus sobrinos.

Sin embargo, el florecimiento de a minería se dio en Pánuco en 1720 al llegar el alférez de ejército español Francisco Javier Vizcarra, quien pobló y trabajó con entusiasmo en las minas, tanto de Pánuco como El Tajo de El Rosario. El rey de España había de designarlo marqués de Pánuco.

PLATA PARA LA INSURGENCIA

El movimiento independentista tuvo inmediatamente resonancia en Pánuco, en cuyas minas trabajaron dos hermanos del cura miguel Hidalgo y Costilla.José María González Hermosillo difundía el movimiento insurgente en la provincia de la Nueva Vizcaya. El padre de la patria lo comisionó para revolucionar Sinaloa. Tomó el 24 de diciembre de 1810 a El Rosario y siguió al interesante centro minero de Cosalá, pasando por Concordia en enero de 1811.

LA PRESA LOS HERREROS

La lucha independentista trajo el caos en la minería, la cual resurgió durante el porfiriato gracias a las notables obras del ingeniero de minas Cesáreo Puente, quien construyó la Presa de Los Herreros para captar agua y derivarla por una tubería, cayendo sobre unos dinamos y promoviendo una gran fuerza eléctrica.

Esta presa está ubicada en un lugar muy alto de la sierra, en un pequeño valle rodeado de pinos y guarda un espejo de agua en el que se reflejan los cielos y las cumbres de la montaña.La Compañía Minera de Pánuco, formada por los socios españoles, trabajaba en las minas del Faisán, Santa Rosa y Mina Grande.

Y LLEGA LA REVOLUCIÓN

En 1914, la compañía abandonó las minas que fueron decomisadas por el gobierno provisional de don Venustiano Carranza y se trabajaban a través de Ramón F. Iturbe, jefe de las tropas revolucionarias en la región, quien las explotó a través del ingeniero Antonio Paredes.

Refugiado Carranza en Veracruz, luchando contra Zapata y Villa, se encontraba en penuria para armar un ejército. Iturbe le mandó una gran remesa de plata con la que armó los batallones de Obregón que derrotaron a los caudillos campesinos.

Instaurado el orden constitucional, Carranza fue reelecto como presidente y se hace cargo de las minas la Compañía Minera y Metalúrgica de Occidente, la cual dejó de operar por incosteabilidad.

En 1974, los obreros mineros, toda esperanza, toda energía, tomaron las riendas administrativas de la minería a través de una sociedad cooperativa.

El progreso minero está hoy posesionado de Pánuco.

La minería, interés principal de Francisco de Ibarra, se enseñoreó de este pueblito, ubicado, como dice la canción, “entre cerros y montañas y bajo un cielo azul, como en una inmensa hamaca bañada por el sol”.

Aquí en Pánuco habría de morir este conquistador generoso, quien a decir de Antonio Nakayama, en su testamento “repartió parte de sus bienes entre los indios que le sirvieron, ordenó pagar cada una de sus deudas, hasta la más insignificante, y apuntó que en caso de no encontrar vivas a las personas a quienes les debía, el dinero se aplicara en oficiar misas para el sufragio de sus almas”.

El Fénix de los conquistadores ordenó que si moría en Chametla, fuera sepultado en la iglesia de Concordia, y si en Durango, ahí mismo temporalmente, para finalmente descansar en el monasterio de Santo Domingo, construido por su tío Don Diego. La historia afirma que se cumplió su última petición. En Pánuco, donde murió, se comenta que su cuerpo reposa en una tumba clandestina de la antigua iglesia del poblado.

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