La casa del Club Deportivo Muralla por la calle Sixto Osuna

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  • En su recorrido a través de su libro Las viejas calles de Mazatlán, Oses Cole se detiene en la última casa sede del Club Deportivo Muralla.

Llegamos a la finca que hoy ocupa el Club Deportivo Muralla, situada en la esquina norponiente de esta calle con la de Venus.

Desde el tiempo en que las oficinas aduanales fueron cambiadas de Villa Unión a Mazatlán en el año de 1828, la importancia que fue adquiriendo el movimiento comercial de importación que se hacía por el puerto, volvió evidente que se requería de un edificio apropiado. Un padrón de la ciudad levantado el año de 1841 señala que el edificio que ocupaba la Aduana Marítima era propiedad de Juan Nepomuceno Machado y aunque es difícil precisar su ubicación actual exacta, es posible suponer que se refiriera a esta finca.

Posteriormente a la fecha indicada, el edificio fue adquirido por el gobierno central, quien lo poseyó hasta que se construyó el actual edificio de la Aduana, el que se terminó en 1863. Del Gobierno Federal lo adquirió el comerciante Fortunato de la Vega, originario de Culiacán, quien en Septiembre de 1869 vendió una gran extensión del edificio original, hoy ocupada por la finca que sigue al poniente, propiedad del Hotel Belmar, al inglés Carlos Woolrich, el que fuera vicecónsul de la Gran Bretaña en la ciudad entre 1866 y 1899.

No se conoce con certeza el uso que de la Vega haya dado al edificio mientras fue de su propiedad. Sin embargo, por un tiempo fue utilizado como cuartel, según se desprende de una comunicación que la Prefectura Política del Departamento de Mazatlán dirigió al alcalde de la ciudad un oficio en Julio 3 de 1866, que mencionaba: “Su excelencia el Señor Mariscal Bazaine, recomienda que se dicten las disposiciones convenientes para tener desde hoy un Cuartel apropiado para el 7º. Batallón de Cazadores que el Comandante Maurand debe organizar en Mazatlán, centro probable de las operaciones de dicho Batallón. Interesa que el lugar de su instalación sea cómodo bajo todos los aspectos. Producirá muy buen efecto moral que los Cuerpos franco mexicanos sean bien tratados. Los militares admitidos en este Cuerpo se sentirán dignos del carácter que representan y el amor propio de los franceses que pasen a servir al Cuerpo de Cazadores no sufrirá quebranto.” La alcaldía seleccionó esta finca, y a pesar de una oposición inicial de parte de Joaquín Redo, quien estaba encargado de la misma, se obtuvo para servir de cuartel.

Debido al fracaso comercial en Mazatlán de Fortunato de la Vega, la extensión que restaba de la finca original le fue adjudicada judicialmente en 1877 a Rosario de la Vega, acreedora del propietario. Años más adelante el edificio fue propiedad del comerciante alemán Alfredo Wöhler, viudo de Rosario de la Vega, quien en Agosto de 1893 lo enajenó a Joaquín Redo (h), en la suma de $11,500 y la familia Redo lo usó como su residencia. Es durante ese lapso que la finca adquirió la apariencia exterior que conserva. En Septiembre de 1925 la finca pasó por herencia a propiedad de Alejandro Redo.

Joaquín Redo Balmaceda fue socio fundador del almacén La Torre de Babel y de varias empresas más en Mazatlán, entra ellas la Fundición de Mazatlán. Fue propietario de dos vapores de carga y pasaje, Alejandro y Diego, que recorrían los puertos del Golfo de California. Más tarde inició importantes negocios en Culiacán y posteriormente incursionó en la política nacional, llegando a ser Senador de la República, pero ésta continuó siendo su residencia, hasta su fallecimiento en ella en 1904.

Se afirma que Redo fue originario del Estado de Durango, de donde partió para establecerse en Mazatlán a mediados de la década de 1850. En el Ayuntamiento que funcionaría el año de 1856, Redo resultó electo Alcalde Conciliador, y en Enero 4 del año citado dirigió una comunicación al Cabildo donde indicaba no poder aceptar dicho cargo por no tener aún veinticinco años ni ser “ciudadano en el ejercicio de sus derechos por ser hijo de español y nacido en país extranjero y que ha seguido la nacionalidad de su padre.” Es probable entonces que con posterioridad a esta fecha se haya nacionalizado mexicano, ya que fue miembro de otros cabildos municipales en los años siguientes.

En la década de 1920 tuvo su bufete en la finca el licenciado Luis Peña Alcalde, antes de mudarse a la situada calle de por medio y vivió en una parte de ella Jorge Tellaeche y años más tarde residió también ahí Pedro Pinsón Alcalde. Luego se utilizó como bodegas del comité de carnaval, quien fabricó ahí sus carros alegóricos. A mediados de los 1960’s fue adquirida por el Club Deportivo Muralla, el que la utiliza como club para sus asociados. La reconstrucción que hizo del edificio y la conservación que le ha dado la ha mantenido en buenas condiciones.

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