CLUB DEPORTIVO MURALLA, un siglo de vida. “Mutualismo, Recreo y Deporte”, su lema centenario

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  • Fue fundado el 7 de octubre de 1920 aunque de hecho existió desde antes.
PRIMERA DIRECTIVA, 1920
Angel R. Luna, segundo presidente.

El Club Deportivo Muralla nació mucho antes de 1920, primero en una novena de beisbol, pues un grupo de muchachos que vivían por la calle Reforma (hoy Romanita de la Peña) muy cerca de lo que era La Playa Sur, se dedicaron a practicar el deporte de los bates y las pelotas, capitaneados por Juan E. Gavica y contando con jugadores de la talla de Antonio Peña “El Caballo”, Francisco V. Urrea, Enrique Gavica, Manuel “El Ogro” López, Federico Soto, Jesús Amarillas, Manuel el chaparro Espinoza, Enrique Valdez, Armando Aguilar, Isaacy Celso Ocampo, Carlos Rodriguez y Pedro Salares

Integraron el equipo al que nombraron Muralla en razón a que en la esquina que forman las calles Sacrificio (Niños Heroes) y antigua Reforma (Romanita de la Peña) existía una tienda de abarrotes propiedad de un chino de nombre Francisco Chong, llamada La Gran Muralla.

Cotizándose entre todos, tenían los implementos necesarios para jugar a la pelota. Así cada domingo se iban a jugar al campo conocido como Huerta Choza, propiedad de un licenciado de ese apellido que fué por muchos años prefecto de Mazatlán y lugar que más tarde se conocería como Paseo 20 de Noviembre.

En ese baldío, que estaba situado donde hoy es la Ave. Miguel Alemán, entre las calles Iturbide y Casa Mata, competían con la novenas en turno, que eran La Luz, Cuitláhuac, La Rosareña, nombre tomado de una tienda de abarrotes ubicada en la esquina de la entonces calle Guelatao e Iturbide y que más tarde cambió por el título de Águila., estaba integrada por quien era el capitán del equipo, Efrén H. Hernandez “El Chino”, Hilario Lomelí, un muchacho de apellido Cruz a quien apodaban “El Mamilo”, José “El Ministro” Santos, Martín Ayón, Miguel Nava y otros, y era el equipo que mayor resistencia oponía al Muralla.

Los murallenses tuvieron varios encuentros en contra de esos equipos, triunfando en la mayoría. Ellos contaban con mejores elementos.

Los juegos tenían lugar casi a la orilla del mar, en aquel sitio conocido por La Puntilla. El terreno era pura arena limpia. Todos los equipos tenían que jugar descalzos. No se podia menos. Así jugó el Muralla por algún tiempo. Los retos los lanzaban los murallenses o bien los recibían de las otras novenas.

Al compás de mis recuerdos, por José J. Rico (1945)

El 11 de marzo de 1943, José J. Rico en compañía de otros empresarios mazatlecos formalizaron la constitución del Club Deportivo Muralla, A. C.

Corría el año de 1920. El Club Deportivo Muralla contaba con cerca de veinte socios y ocupaba un modesto local en la esquina de las calles “Reforma” y “Venus”.

La casi la totalidad de los componentes eran deportistas de corazón. Jugaban base ball, boxeaban, nadaban y competían en regatas.

El mobiliario del centro se componía de 12 0 15 sillas, 2 o 3 bancas de madera y una mesa de billar ya vetusta. Las finanzas andaban mal.

Con frecuencia las cuotas mensuales, cuyo pago se obtenía con dificultad, no permitían que se liquidará la renta de la casa. Entonces acudía en ayuda desinteresada el asiático Francisco Chong, propietario de la tienda de abarrotes denominada “La Gran Muralla”.

Mesa directiva de 1945.

El pago de su peculio, varias mensualidades de arrendamiento que jamás le fueron reembolsados. Es justo rendir le hoy un tributo de agradecimiento al recordar su entusiasmo y buena voluntad por la causa de los deportes.

Todos los domingos se efectuaban bailes que se veían concurridos y ordenados. Raras veces había desórdenes, y cuando alguien se conducía mal, la Comisión de Orden restablecía la paz en un santiamén, aplicando la acción directa. La Comisión se componía de muchachos que boxeaban bastante bien y estaba presidida por Francisco Ocampo.

Poco a poco el Centro fue mereciendo la confianza de las señoras y señoritas que frecuentaban las fiestas, precisamente por el orden que reinaba en ellas.

En ese entonces el Club tenía ya integrada su novena de base ball. Había contendido 3 o 4 temporadas consecutivas con novenas locales, con resultados completamente adversos. Los esfuerzos de nuestros muchachos habían resultado estériles. Empero, continuaban en pie de lucha con una fe inquebrantable, poseídos de verdadero espíritu deportivo, muy bien disciplinados.

En aquellas épocas de prueba, Don José Soto, Don Enrique Cota, Don Fidel Salcido, Don Juan Eugenio Gavica, Don José Ascencion Ruelas, Don Roman Cortez y su hijo Roman, Don Pedro de la Vega, Don Francisco Verá, el Maestro Don Andres Lopez de Nava, Don Eduardo Córcega y tantos otros cuyos nombres escapan a mi memoria, eran los principales sostenedores de los deportes de nuestro Centro.

Y no lo eran menos aquellos jóvenes que de buena voluntad militaba en nuestras filas deportivas. Carlos Rodríguez, Martín Gavica Oropeza, Enrique Gavica, Efrén Hernández y Hernández, Carlos Lancaster Jones, Pedro Olares cuya lealtad para el Muralla quedó a prueba en innumerables ocasiones. Celso Ocampo, Gabriel M. Palma, Ciro Vera, Arturo de Cima, Joaquín Cortez, Arturo Hay y Willard Salsberry Layton, en aquel entonces Vice Cónsul americano en este puerto, y otros cuyos nombres no recuerdo.

En ocasión de rendir a unos y a otros un merecido tributo de agradecimiento; en mucho contribuyeron con su esfuerzo personal y mal a la marcha ascendente de nuestra querida agrupación.

Las derrotas que sufrían nuestra abnegada novena nunca pudieron desorganizarla. Nuestros compañeros estaban resueltos a triunfar y triunfaron en toda la línea después de dos o tres años de padecer derrotas.

Se impusieron en todas las justas deportivas por su disciplina, su amor al deporte y el cariño que sentían por nuestro Centro.

Ya para entonces, nuestro Club había pasado a ocupar un lugar mejor acondicionado en la esquina de la as Calles Reforma y Tacuba, allí se cucharon las primeras victorias deportivas que en mucho contribuyeron a fincar los cimientos de lo que después había de ser el primer Club Deportivo y Centro Social de nuestra Costa Occidental, el más grande y mejor organizado. Se disponía en aquella época, de un ring para boxear, un gimnasio completo, una falúa para regatas; nuestro mobiliario había mejorado notablemente así como el número de socios que ya era de consideración.

Continuaba imperando el orden, la disciplina y el deseo de superación. Los dirigentes aspiraban a que nuestro Centro fuese una verdadera sociedad sin clases, en la más pura acepción del término en la que todos los integrantes, cualquiera que fuera su posición social, quedarán nivelados en un ambiente de igualdad y confraternidad en nuestro Centro Social.

En aquella época de lucha, cuando la victoria sonreía a nuestros muchachos en los campos deportivos, nuestro compañero, el Sr. Don Manuel Dávalos, compuso la pieza musical denominada “Los Triunfos del Muralla”. Cuando la oigo recuerdo con cariño y devoción aquellos tiempos idos en que dediqué todo el fervor y entusiasmo de mis años mozos al éxito de nuestro querido Centro. Pasaron los años y con ellos vinieron a la Agrupación nuevos elementos, jóvenes de empuje que han sabido mantener la trayectoria siempre ascendente. Son acreedores todos ellos, al igual que los fundadores al testimonio de nuestro agradecimiento por su labor.

Pronto celebrará nuestro “Muralla” el vigésimo quinto aniversario de su fundación. Mientras que otras agrupaciones han dejado de existir o bien atraviesan por un período de decadencia, la Nuestra continúa por el camino del éxito.

Su lema, “Mutualismo, Recreo y Sport”, se ha impuesto en forma definitiva y constituye la garantía de supervivencia.

Que así sea.

Mazatlan, Sinaloa, 7 de octubre de 1945.

REINAS MURALLENSES

FUENTE: Revista por el 25 aniversario del Club Deportivo Muralla, facilitada por Rosa Guadalupe Luna Díaz, nieta de Ángel R. Luna, segundo presidente del club.

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