AGUSTINA RAMÍREZ, UN GRAN EJEMPLO DE AMOR… A LA PATRIA

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  • Anna Agustina de Jesús Ramírez Heredia nació el 1° de septiembre de 1813 en Mocorito,  Sinaloa y murió en Mazatlán el 14 de febrero de 1879.
  • El congreso del Estado De Sinaloa acordó una pensión de $30.00 al mes para esta mujer espartana el año de 1868.

El 14 de febrero debía ser el “Día de la Mujer” y no el 15, como sepa quién lo estipularía. Y no hay contradicción con el “Día de la Amistad” o del Amor, porque el 14 de febrero de 1879 murió Agustina Ramírez, humilde mujer sinaloense que tuvo profundo amor a la patria, por la cual entregó a sus hijos, 12 de los cuales murieron durante la intervención francesa.

Esta mujer, de cuya existencia se sabe muy poco, concebible en cuanto que fue una de tantas que dentro del anonimato ha puesto su vida al servicio de la causa más noble que pueda existir: la defensa de la patria; y no sólo entregó su vida por ese ideal, sino también las de sus hijos.

Es poco lo que se sabe de esta heroína sinaloense, quien murió cuando pedía limosna por las calles de Mazatlán, pues los 30 pesos mensuales que le otorgó la legislatura burocrática posterior a la lucha por la intervención francesa, no le llegaban con regularidad y la pensión pronto le fue cancelada. Vicente Riva Palacio y don Guillermo Prieto lograron ante la legislatura que se le aumentara la mensualidad a 150 pesos, pero la mujer había muerto dos años antes.

Los anteriores datos fueron extraídos del libro “Sinaloa, el drama y sus autores”, de Antonio Nakayama, quizá el más arduo investigador de la vida de Agustina Ramírez y para no profanar su labor, reproducimos a continuación su discurso ante el monumento de esa inigualable mujer, erigido en 1961 por el general Gabriel Leyva Velázquez.

¡Agustina Ramírez! Señora del infortunio y del luto interminable. ¡Sinaloa, tierra luminosa que arrulló tu cuna y acogió amorosa tus cenizas venerables, viene a rendirte su ofrenda de gratitud y devoción!

¡Fuiste lirio que floreció entre espinas dolorosas que laceraron la suavidad sedeña de tus pétalos!

¡Vestiste harapos, y al mismo tiempo te arropaste en el sombrío manto de soberana del imperio de la muerte!

¡La fatalidad fue tu destino, y 12 afilados puñales se hundieron en tus entrañas, para ahondar más tu patriotismo trágicamente bello!

¡Tus manos morenas que un día entregaron a la patria la riqueza más preciada, recogieron temblorosas la moneda que la caridad pública te deparó cuando llegaste a la cima de tu calvario!

¡Tus huesos se confundieron con las áureas arenas mazatlecas, pero tu recuerdo se adentra cada día en la conciencia de tu pueblo que tiene en ti a uno de sus más claros valores!

¡En tu aureola de santa laica, fulgen como rubíes rutilantes 12 gotas de sangre desprendidas de tu corazón de madre, y tu nombre nimbado por la inmortalidad enseñorea la sinfonía azul de mar, cielo y montaña, y se refleja esplendoroso en el terso cristal de los 11 ríos sinaloenses!

¡Agustina Ramírez, bendita sea!

Por Juan Lizárraga T., publicado en NOROESTE-Mazatlán el 14 de febrero de 1981.

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