ROMANITA DE LA PEÑA, una vida dedicada a ayudar a la niñez mazatleca

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  • Romana de la Peña Inzunza nació en Mazatlán el 24 de agosto de 1876; murió el 20 de febrero de 1958 en la misma ciudad.

Eduardo Valadés. Hija de españoles radicados en Mazatlán, el 24 de agosto de 1876, nació Romana de la Peña Inzunza. Su padre fue Don Antonio de la Peña, originario de Santander, España, quien había llegado a Mazatlán casi 20 años antes, en 1847, en plena invasión estadounidense, y había hecho prosperidad con su Tienda de Ultramarinos, su hotel San José, ubicado en las actuales Ángel Flores y Aquiles Serdán, y  un valiente servicio de diligencias que cubría la ruta desde Tepic, Nayarit, hasta Álamos, Sonora.

Se le conoció como Romanita de la Peña, el diminutivo cariñoso sobreviviendo hasta nuestras fechas. Fue una mujer de sociedad, cuyo nombre solía aparecer en el relato de eventos distinguidos de la época.

Los mazatlecos celebraron un par de ocasiones en que Romanita participó en las fiestas de Carnaval. En 1898 iba adornada de flores, en una carreta jalada por un caballo. En el Carnaval de 1900 cautivó a la sociedad vestida de Cleopatra.

A los seis años queda huérfana de madre, por lo que adquiere el hábito de identificarse con los menos afortunados.

Pronto se integra al Comité de Damas de la ciudad, integrado por Angelita Haas, María Ferreira, Agustina Monterde, las hermanas Paredes, Carmelita Cleava de Herrasti, Dolores Moreno de Rico y Antonia de la Peña de López Dóriga.

Para 1891, cuando ella tenía 15 años, lograron fundar el Hospital San Vicente, que daba atención gratuita a indigentes. Este hospital eventualmente se convertiría en el Hogar San Pablo. Deja el cargo en 1900, pero los estragos de la peste bubónica en Mazatlán, entre 1902 y 1903, le enseñan su propósito de vida: la cantidad de huérfanos y desamparados que dejó la fiebre la instan a la creación de un orfanatorio en el puerto.

En 1906, el Gobierno de Cañedo otorga a las damas de la sociedad mazatleca mil pesos para festejar el Aniversario de Juárez, por los 100 años de su nacimiento. Se organizan las fiestas y sobraron 526 pesos y 67 centavos en la cuenta del Banco Nacional.  Cañedo y las Damas de la Junta presentaron varias ideas para dar uso al dinero: que si hacer otra fiesta, una kermesse en la huerta de los Choza, que si organizar una Navidad para los niños pobres, pero Romanita ya sabía lo que quería hacer. Convence a las damas y al Gobernador de destinar ese dinero a una causa más duradera. Si bien no alcanzaría para hacer el orfanato, sí podía crearse con él un fondo, y mediante rifas, bailes y funciones de ópera, juntarían el dinero faltante.

El Gobernador accede y Romanita de la Peña pone manos a la obra, pero el fin del cañedismo en 1909 y la Revolución Mexicana en 1910 enturbian la política local al punto que los esfuerzos quedan truncados. En 1914, al enterarse de la existencia de ese dinero, un general huertista comandante de la plaza, Miguel Rodríguez, le exige el dinero para la causa. Romanita, firme en su visión, se enfrenta al general y se niega a darle el dinero, pero se compromete a repartir provisiones diariamente mientras el bloque revolucionario siguiera manteniendo el estado de sitio.

Romanita de la Peña no ceja en su empeño y convence a Germán Evers de donar el terreno para la construcción del orfanatorio. Evers era un hombre de negocios que había llegado a Mazatlán en 1884. Se hizo cargo de la fábrica de hilos La Bahía, y luego intervino en la fundación de las cervecerías Lang y Pacífico. Al morir, en 1930, deja 25 por ciento de su fortuna al Orfanatorio Mazatlán, y 6 por ciento a la sociedad San Vicente Paul, aquélla que hiciera el hospital para indigentes, entre otras obras de caridad.

La primera piedra la pone el propio German Evers el 8 de junio de 1821. El arquitecto Baltasar Inzunza dirige la construcción sin cobrar y el Orfanatorio Mazatlán se vuelve realidad el 18 de diciembre de 1927, y corona el sueño de filantropía que durante 36 años albergó Romanita. Su primera inquilina fue Avelina Cortés.

Desde la fundación en 1927 hasta el año de su muerte, en 1958, Romanita de la Peña fue la directora del orfanatorio.

Francisco Ramírez Osuna. En los últimos treinta días de su vida su salud se vio seriamente quebranda y cayó postrada en el lecho de dolor y pese a los esfuerzos de la ciencia y de sus médicos de cabecera, Héctor González Guevara y Alfredo Lizárraga, sobrevino el fatal desenlace en su residencia de la calle Constitución número 3 poniente, víctima de una deficiencia renal, el 20 de febrero de 1958, a los 81 años de edad, 60 de los cuales dedicó a la ayuda del prójimo.

FUENTES:

Eduardo Valadés: “Nace Romanita de la Peña”, publicado en Noroeste Mazatlán el 24 de agosto de 2015. https://www.noroeste.com.mx/especiales/memoriasdemazatlan/201508/24.html

Francisco Ramírez Osuna: “Romanita de la Peña,”Revista Presagio, No, 92, septiembre-octubre de 1997. https://ahgs.gob.mx/presagio-revista-de-sinaloa-no-92-septiembre-octubre-1997/

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