“El Tacuarinero” y el Ferrocarril Occidental de México

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Imagen: http://navolarestaurant.com/2017/01/25/ahi-viene-el-tacuarinero/

Comunicar es civilizar, razonaban los altos círculos porfiristas y siendo el transporte en rieles el más moderno, México se llenaba de paralelas, por ello, el 16 de agosto de 1880 se firmó en México el contrato para construir un ferrocarril que partiendo de Altata y Culiacán atravesara la Sierra Madre Occidental pasando por las ciudades de Durango y Fresnillo, hasta entroncar con el ferrocarril central de Salinas del Peñón Blanco, en San Luis Potosí.

Sebastián Camacho y Robert R. Symon pretendían poner en marcha la línea ferroviaria denominada Ferrocarril Sinaloa-Durango, pero fue hasta 1883 cuando la línea ferrocarrilera inició operaciones por una compañía de Boston.

Por razones largas de enumerar, una de las principales que el proyecto no convenció a los inversionistas norteamericanos, esta magna obra se convirtió en un tren de juguete que llevaba bañistas a Altata y de venida recogía a las mujeres que vendían unas galletas de harina de maíz y manteca de res y de puerco llamadas “tacuarines”, por las cuales se identificó al tren con el nombre de “tacuarinero” y así se le decía también al que conocemos como “culichi”.

Hasta 1961 (cerca de 100 años) funcionó este singular tren que hacía un recorrido de 62 kilómetros y sobre el cual los propios culichis crearon múltiples anécdotas, pues tan lento era que como no tenía servicios sanitarios el pasajero se podía bajar, satisfacer su necesidad y abordar adelante el tren o si estaba cansado, podía bajar, restirar las piernas, apurar el paso y abordarlo de nuevo.

Se dice que un extranjero preguntó en la estación a qué horas llegaba el tren y un lugareño le respondió: “No ha de tardar, míster, ya hace rato que pasó el perro del maquinista”.

Antigua estación del ferrocarril en Culiacán.

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