Fin del sitio y toma de Mazatlán por los constitucionalistas, 9 de agosto de 1914

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  • Informe del general Ramón F. Iturbe al general Álvaro Obregón, basado en el parte del coronel Ángel Flores (extracto).
Generales Ramón F. Iturbe, Ángel Flores y Juan Carrasco

-Hónrome comunicar a usted que esta noche, a las doce, daré ataque decisivo, asegurando a usted que mañana rendiré parte de la toma de la plaza. De mi herida sigo mejor. Salúdolo muy afectuosamente.

Así pasaban las horas, hasta que una circunstancia imprevista vino a precipitar los acontecimientos, pero no a modificarlos: la retirada del enemigo. Como el coronel Angel Flores fue el primero en descubrir esta circunstancia y el único en aprovecharla, tomo del parte que rinde este ameritado jefe, la narración de lo acaecido:

En esta situación, a la entrada del Puente Juárez, dice el citado coronel, permanecí gran parte del día 9 pulsando al enemigo de tiempo en tiempo, por medio del fuego, al que sólo dejó de responder al anochecer del mismo día 9. En el acto, comuniqué esta novedad al general en Jefe de la Brigada, a fin de que, si a bien lo tenía, adelantase la hora de ataque, fijada para la media noche; pero en vista de la urgencia del caso, por propia iniciativa, ordené el avance de mis fuerzas en persecución del enemigo, que se retiraba hacia el centro de la ciudad. Avancé rápidamente, logrando darle alcance en el momento de embarcarse en el muelle provisional que había construido en Olas Altas, no sin que antes hubiéramos tenido que batirnos con los grupos de tiradores que había apostados en las bocacalles adyacentes, a los que obligamos a replegarse, y por medio de movimientos envolventes, impedimos el embarco de la extrema retaguardia enemiga, a la que derrotamos completamente, haciéndole muchas muertos y 400 prisioneros, a pesar de que el cañonero Guerrero estuvo disparando en dirección nuestra, con gran estrépito, pero sin resultado alguno.

El cañón de 80 mm. iba todavía en marcha, cuando la plaza cayó en nuestro poder, por lo cual se le ordenó volver a Urías, donde actualmente se encuentra el botín de guerra recogido al enemigo y constituido por una ametralladora con su caja de herramientas y piezas de refacción, 400 fusiles máuser, 25,000 cartuchos de 7 mm., cuatro cornetas y gran número de cartucheras.

Durante los cinco días de combate, las fuerzas de mi mando consumieron 350,000 cartuchos de 7 mm., 100,000 de 30-30 y 100,000 de otros diversos calibres; el cañón de 57 mm. agotó todas sus municiones, y al de 80 mm. sólo le quedaron 30 granadas comunes.

Las pérdidas que tenemos que lamentar, son:

Muertos: teniente coronel, 1; mayor, 1; capitanes primeros, 4; capitanes segundos, 2; tenientes, 7; subtenientes, 8; sargentos primeros, 4; sargentos segundos, 19; cabos, 25; soldados, 151. Que forman un total de 222 hombres.

Los heridos se distribuyeron como sigue:

General de Brigada, 1; teniente coronel, 1; mayor, 1; capitanes primeros, 2; capitanes segundos, 6; tenientes, 6; subtenientes, 13; sargentos primeros, 3; sargentos segundos, 20; cabos, 38; tambor, 1; soldados, 165. Que forman un total de 257 hombres.

Por su parte, el enemigo, además de los 400 prisioneros que le hicimos, perdió mucha gente en la sorpresa de La Redonda y dejó sembrado de cadáveres el Malecón de Olas Altas, pudiendo estimarse que el número total de sus muertos, asciende a 400 hombres, entre los cuales se encuentran: un coronel y 17 oficiales que fueron recogidos prisioneros con las armas en la mano, y a quienes se les aplicó la ley de 25 de enero de 1862, pasándolos por las armas. Los heridos que el enemigo se llevó al evacuar la plaza suman cerca de 500, según informes dignos de crédito.

Militares muertos en Olas Altas durante el embarque de la tropa en plan de huida.

En cuanto al botín de guerra, ya quedó especificado en la parte transcrita en la relación hecha por el coronel Angel Flores; pero hay que agregar que el enemigo dejó abandonados caballos y acémilas en gran número.

El servicio de sanidad y ambulancia funcionó satisfactoriamente. El de comunicaciones por tierra y agua, que estuvo bajo la dirección del coronel Manuel A. Salazar, también funcionó satisfactoriamente, distinguiéndose el personal encargado de las lanchas, provistas de motor de gasolina. El servicio de transmisión de órdenes, confiado en parte a las líneas telefónicas y en parte a los oficiales de mi Estado Mayor, nada dejó que desear.

La escolta del que suscribe, así como la del Gobernador del Estado, tomaron parte en los combates; se batieron con valor y fueron diezmados por el fuego enemigo.

La guerrilla Barraza, incorporada a la columna Carrasco, se batió con gran bizarría, resultando herido el jefe de ella, mayor Manuel Barraza.

El comportamiento de las fuerzas de mi mando fue brillante: todos, sin excepción, se batieron con denuedo y soportaron las fatigas con gran abnegación.

Para estímulo de los defensores de la legalidad, que militan en las filas del glorioso Ejército Constitucionalista, y para mayor honra de los que integran la Brigada de Sinaloa, que es a mis órdenes y tengo la honra de comandar, adjunto remito a usted la lista nominal, con expresión del Cuerpo y Arma en que sirvieron, de los Cc. jefes y oficiales que, en mi concepto, y salvo la mejor opinión de usted, merecen premio por su comportamiento durante este hecho de armas.

La Brigada de Sinaloa felicita a usted por haberle dado las instrucciones generales que le permitieron alcanzar esta nueva y señalada victoria, y con la satisfacción del deber cumplido, tengo el honor, mi general, de hacer a usted presentes mi subordinación y respeto.

Constitución y Reformas.
Mazatlán, Sin., 20 de agosto de 1914.
El General Jefe de la Brigada.
(Firmado.) Ramón F. Iturbe.

FUENTE: Ocho mil kilómetros en campaña, Álvaro Obregón.

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