Rodolfo Fierro, lugarteniente de Pancho Villa

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Nació el 27 de julio de 1880 en El Charay, El Fuerte, Sin.; murió el 13 de octubre de 1915 en Nuevo Casas Grandes, Chih.

Rodolfo Fierro fue uno de los lugartenientes de mayor confianza de Pancho Villa; su gatillero y brazo ejecutor en el sentido literal del término. Sabía apretar el gatillo por obligación pero lo disfrutaba más cuando disparaba por devoción, por gusto, por placer.

Al estallar la revolución constitucionalista contra Victoriano Huerta, Fierro militaba en las filas de Tomás Urbina, otro de los generales villistas de dudosa honestidad. A Villa le llamó la atención su valor y audacia. Supo de inmediato que era un hombre temerario hasta la locura; no temía morir, por eso se le facilitaba matar; era despiadado y su lealtad incuestionable. Fierro conoció a Villa en septiembre de 1913 y cayó seducido ante el carisma del Centauro.

“”Lugarteniente cruel y sanguinario de Villa -escribió Luis Aguirre Benavides, secretario particular del Centauro-, Fierro no carecía de cierta cultura; alto, fornido, de buena presencia y simpático en su trato. Era buen compañero y amigo, valiente y resuelto hasta la temeridad en los combates; de todas las confianzas y consideraciones del general Villa, quien siempre le confiaba comisiones en las que se necesitaba valor y pocos o ningunos escrúpulos; era capaz de hacer todo con tal de complacer y dejar contento a su jefe””.

No hubo batalla en la última etapa de la revolución contra Huerta, en la que el sanguinario lugarteniente de Villa no estuviera presente. Participó en las tomas de Torreón, San Pedro de las Colonias, Paredón y Zacatecas. Siempre obediente, siempre sumiso, siempre temerario, Fierro era como el cancerbero de Hades que cuidaba el inframundo, con lealtad absoluta y aun a costa de su vida, cuidaba los pasos de Villa.

El Centauro admiraba la naturalidad con que Fierro disponía de las vidas ajenas. No dudaba, no padecía, no se cuestionaba. Si por momentos era cruel divirtiéndose con los prisioneros, en otros parecía un ser amoral, matar y morir, formaban parte de esa extraña cotidianidad marcada por la violencia revolucionaria. Vivir el instante, el momento, el siguiente minuto parecía suficiente porque no existía el futuro, sólo el presente.

Fierro se solazaba ejecutando prisioneros con sus propias manos. Una de las descripciones más célebres fue escrita por Martín Luis Guzmán en su novela El águila y la serpiente bajo el título “”La fiesta de las balas””. Si bien, la matanza de 300 prisioneros, uno por uno, a manos de Fierro -que dispuso de dos pistolas para alternarlas porque se calentaban de tanto disparar-, no está documentada, lo cierto es que entre las tropas villistas era llamado El carnicero.

“Una de sus morbosidades es matar prisioneros -continúa Ramón Puente-, tiene innata la disposición de verdugo, la misma voluptuosidad de esos sacrificadores de hombres que acaban por encallecerse en el oficio y sentir la necesidad de ejercitarlo para que no se enmohecieran sus herramientas””.

Decenas de personas, cuyos nombres se perdieron entre el polvo de la historia, cayeron atravesadas por las balas de Fierro. Con motivos o sin motivos, por una discusión, por un capricho, por una borrachera, cualquier circunstancia la resolvía Fierro con una bala.

Hombre violento y desalmado, aunque simpático en el trato y ocurrente, Rodolfo Fierro pasó a la historia como una leyenda más de las construidas en torno a Pancho Villa. Su tristemente célebre fama, llegó hasta el cine nacional y Carlos López Moctezuma lo interpretó en varias películas filmadas sobre el Centauro del Norte, al lado de Pedro Armendáriz. Al menos en el séptimo Arte, Fierro se ganó la simpatía del público.

Luis Aguirre Benavides -secretario de Villa-, explica la presencia natural de hombres como Fierro: “”Era, sin embargo, sumamente útil en aquel medio siniestro, en el que eran necesarios hombres valientes, decididos y sin ningún escrúpulo de conciencia, para llevar adelante los designios, con frecuencia injustos o equivocados del jefe de la Revolución en Chihuahua””.

Su temeridad lo llevó a la muerte el 13 o 14 octubre de 1915, en la laguna artificial que lleva su mismo nombre Laguna Rodolfo Fierro, Nuevo Casas Grandes, Chihuahua. Se dice que se ahogó. También se dice que su caballo no resistió el peso del oro que transportaba, aunque es difícil concebir grandes riquezas en un ejército en franca derrota. El cuerpo fue sacado por un cuñado de Francisco Villa, que lo enterró en Chihuahua.

FUENTE: Wiki- México: http://www.wikimexico.com/articulo/rodolfo-fierro-el-maton-de-pancho-villa

Lectura recomendada: Rodolfo Fierro, “La Bestia Hermosa” de Ernesto Gámez. https://ahgs.gob.mx/la-bestia-hermosa-la-vida-de-rodolfo-fierro/

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