FRANCISCO GIL LEYVA (1922-1985). Escritor, abogado, periodista, educador y funcionario público

0
156
  • Nació en El Fuerte el 16 de julio; Murió, víctima del cáncer, el 14 de julio.

Hizo sus estudios de primaria en Cosalá, Choix, El Fuerte y Escuinapa. Su papá, el licenciado Francisco N. Gil, era juez, de ahí su nomadismo escolar. En 1940 egresó de la Escuela Nacional de Maestros, y en 1960 obtuvo el título de abogado por la UAS.

Como escritor, en 1949, publicó su ensayo histórico «El Rosario, ex real de minas», que le valió el primer lugar de los juegos florales de Mazatlán; en 1959 publicó “Aportaciones para el estudio del habla del Sinaloense”; en 1976, con el patrocinio de CAADES, salió a la luz pública “Sinaloa, la forja de un pueblo”.

Pareja a su labor literaria fue la de hacedor de leyes. Fue autor de la Ley Orgánica de la UAS, 1963; de la ley que creó el Plan de Sinaloa de Superación Campesina, 1967; coautor de la Ley de Trabajadores al Servicio del Estado, 1967; coautor de la Ley del Consejo Tutelar de Menores, 1968; de la Ley de Ejecución y Sanciones Privativas y Restrictivas de la Libertad, 1970; coautor de la Ley General de Educación del Estado, 1968; coautor del proyecto de Ley Orgánica Municipal del Estado, 1972; y autor de un proyecto de Ley de Asociaciones Agrícolas del Estado de Sinaloa, 1975.

En el campo del periodismo tuvo un destacado papel al lado de grandes figuras de la época como Enrique el Guacho Félix, el Dr. Enrique Peña Gutiérrez, Reynaldo el Chacho González, Antonio Nakayama, Jorge Medina León, Alfonso L. Paliza, Antonio Toñico Pineda Gutiérrez, Fernando O. Ramos, Roberto Hernández R., Manuel Tata Jiménez López y muchos más. Fue director de La Palabra, periódico que nació al calor de la campaña política de don Benjamín Romero Ochoa, y columnista de El Sol de Sinaloa con la chispeante columna «Aquí entre nos…», durante muchos años. Después, con el apoyo del licenciado Juan Burgos Pinto, dicha columna se transformó en un precioso libro que lleva el mismo título. Su muerte constituyó una irreparable pérdida para la literatura sinaloense, ya que dejó inconclusa una novela por dedicar gran parte de su tiempo al servicio público. Este es su historial:

Como educador y funcionario, fue director de la Escuela Secundaria Federal de Guamúchil, 1942-1945; jefe del Departamento de Parcelas Escolares, 1945; inspector escolar, 1946-1950; subdirector de Educación, 1953; catedrático del Instituto Federal de Capacitación del Magisterio, 1953; secretario de la Escuela Normal de Sinaloa, 1955; miembro del H. Consejo Universitario de la UAS, 1953-1959; secretario general de la UAS, 1959-1966; profesor titular de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UAS, 1962-1966; miembro de la Academia Mexicana de la Educación, 1966; miembro de la Comisión Técnica Consultiva del Congreso del Estado, 1967-1968; director fundador del Instituto de Readaptación Social del Estado, 1969-1970; secretario y asesor jurídico de la presidencia municipal de Culiacán, 1972-1974; y secretario del H. Ayuntamiento de Culiacán, 1981-1983.

FUENTE: “Sinaloa: historia y destino”, de Herberto Sinagawa Montoya.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí