EL RELOJERO o la sabia virtud de arreglar el tiempo. (Reportaje-entrevista a Tomás Esquivel, 1983)

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  • Tenía su taller por la calle Zaragoza, casi esquina con Aquiles Serdán, en Mazatlán.
Renato Leduc, soneto al Tiempo,

Conocer el tiempo es una sabia virtud, pero don Renato Leduc, en su filosofar sobre esta categoría universal, lo hizo con mucha prontitud, contra reloj, sin tomar en cuenta la virtud que también tienen quienes se encargan de reparar los aparatos con los que se mide el tiempo, virtud que, por cierto, requiere de tanta sabiduría como la de conocer el mismo tiempo.

Aseguramos lo anterior con la propiedad que nos brinda la entrevista que le hicimos ayer mismo al relojero titulado, Tomás Esquivel, a quien encontramos como reloj desconcertado en su negocio de la calle Zaragoza, con su lente en la frente cortándole el sudor que le corría por la piel.

Tomás Esquivel llegó de la capital de México hace 27 años y desde entonces reparaba relojes. Habría entonces en Mazatlán unas diez personas que tenían lo que se puede considerar buenos relojes.

¿Cuándo se puede decir que un relojero es bueno?, le preguntamos y responde:“Es bueno cuando se esmera en el trabajo mecánico. No el que lo deja como puede. Sabe que después de revisar un reloj no va a fallar ni a decir ‘si no funciona me lo trae”. Él, por eso se considera un buen relojero, como que está graduado, tiene su título del Instituto Técnico Internacional y llevó por correspondencia unos cursos suizos.

El otro relojero graduado, de la ciudad, es Estanislao “LAO” Zatarain.

NUNCA SE ENCUERDAN LOS RELOJES

¿Cuál es la descompostura más frecuente de los relojes? Responde sin mecanicismos:

“La máquina es un tren de ruedas que deben girar libremente. La mugre y cualquier golpe provocan rupturas, principalmente de la rueda de áncora y el reloj deja de trabajar. Debe revisarse rueda por rueda”.

No. El encuerdado no existe. Ningún reloj deja de funcionar por problemas con la cuerda. Es un invento de la gente. La cuerda tiene como 10 centímetros de largo y al enrollarse llega a su fin, sencillamente. El reloj está descompuesto por otro motivo. Si fuera por la cuerda no habría relojes automáticos, porque siempre están llenos de cuerda y la gente usa más el automático últimamente.

UN RELOJ PARA CADA CLASE SOCIAL

Don Tomás nos explica que el reloj ha sufrido muchos cambios. El de 20 años atrás era más consistente, más compacto, de un material más preciso. Ahora vienen hasta con piezas de plástico que no pueden sustituirse, son como de juguete… vienen programados para durar un tiempo, muy medido por los manufacturadores.

Sí hay relojes buenos, sólo que no están al alcance de cualquiera.

Mire, lector, ubíquese: usted ha de ser un gran potentado, de muchos recursos, si porta en su brazo o en su bolsillo un reloj Wittnauer o un Longines; es uno del montón, un clasemediero si su reloj es Orient, Citizen, etcétera, relojes baratos, de combate en el Japón…, y es de los de abajo si su reloj es Steelco, Timex, Haste, etcétera y deberá andar solicitando limosna o espulgando los botes de basura si usa un reloj de una joya, que son los más corrientes.

Aclárese: eso de las joyas en los relojes se utiliza como recurso para venta. Un reloj puede ser excelente con 15 joyas. Las joyas son piedras endurecidas, más que el acero, mediante una serie de aleaciones, de combinaciones que para no explicarlas, los fabricantes de reloj sólo aumentan el número de joyas en sus productos.

Otra cuestión, no se vaya con el anuncio: el hecho de que su aparatito indica que es contra el agua y a prueba de golpes, no quiere decir, como se hace en los comerciales, que puede zambullirse en el mar o bailar con el tacón encima de ellos. Existen estos aparatos, pero son muy especiales y no tan comerciales.

LA ELECTRÓNICA NO ES AMENAZA

A consideración del entrevistado, los relojes electrónicos están muy lejos de sustituir a los mecánicos, por la siguiente razón: No hay quién los arregle, se descomponen y hay que deshacerse de ellos. Y si hubiera especialistas, se requieren aparatos y piezas especiales con las que no se cuenta.

Así, los relojeros tienen larga vida, cobrando al cliente según el reloj: existen algunos que valen cientos de miles de pesos. Por esos se cobra sólo por cuidarlos y abrirlos implica serios riesgos.

De éstas y más cosas nos platicó Tomás Esquivel y finalmente recomendó que cuiden sus aparatos, sobre todo del agua y de los objetos magnéticos.

Sin duda, reparar relojes es una sabia virtud que requiere también de mucha paciencia para no quedar como reloj “encuerdado”.

Reportaje de Juan Lizárraga Tisnado publicado en NOROESTE-Mazatlán el 9 de julio de 1983 con el título Nunca desplazará el reloj electrónico al mecánico. “No hay quién los arregle”, dice Tomás Esquivel, un viejo relojero.

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