EL CENTRO HISTÓRICO AGONIZA

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Si el centro histórico de Culiacán se encontraba en estado crítico antes del 2020, esta pandemia sin fin parece empujarlo a una fase terminal.

El centro es ahora -además- objeto de disputa entre el gobierno de Culiacán, grupos de comerciantes y activistas molestos por nuevas intervenciones del ayuntamiento, principalmente el cierre al tráfico de algunas calles.

El alcalde y su equipo explican que estas medidas buscan evitar contagios masivos de COVID-19, lo que está bien. Culiacán es un epicentro de la pandemia, donde el luto está presente en cientos de hogares.

Pero a través de redes sociales y en manifestaciones las autoridades han sido señaladas por tomar decisiones unilaterales. Los procesos de participación ciudadana, la ejecución de estudios rigurosos y la observación de estrategias y programas del Plan Parcial del Centro Histórico (el cual no ha sido actualizado conforme lo ordena la ley) brillan por su ausencia. La planificación, así, queda en letra muerta.

Al margen de estas discusiones, el arquitecto Juan Carlos Rojo Carrascal ha aplaudido que el ayuntamiento emprenda acciones en favor del peatón y de otras formas de movilidad que hagan posible revertir el proceso de motorización de la ciudad.

Rojo advirtió desde hace días que el Centro no volverá a ser lo mismo de antes. “No es asunto de peatonalizar o cambiar rutas de transporte público o impedir que circulen automóviles. La dinámica cambiará, y mientras los usos de suelo sean en su mayoría de comercio y servicios, el sector no tendrá ni la mitad de la dinámica de antes”.

El especialista en planificación urbana y ex director del Implan Culiacán explicó que la economía no se detiene, pero cambia de lugar y de giros; por ello, ahora compramos cerca de donde vivimos o pedimos a domicilio.

Mientras tanto -propone- es hora de decidirnos a establecer usos mixtos del suelo en el centro para repotenciar su valor comercial, preservar el patrimonio histórico y hacerlo atractivo para ser visitado y atraer inversiones.

Por otro lado, el centro requiere un programa de estímulos para utilizar espacios baldíos y desarrollar acciones de vivienda. Su visión es acertada: es paradójico que el lugar mejor dotado de servicios públicos de la ciudad se quede sin habitantes y sin ninguna forma de vida en las noches, principalmente.

Es una cueva de lobos.

Si bien en el ayuntamiento puede haber personas inteligentísimas, no puede la autoridad ignorar que los cambios de esta envergadura requieren de planificación profesional y estrategias definidas para el inmediato, mediano y largo plazo, donde no cabe la simulación, el autoritarismo o la improvisación.

Gobernar de esta forma obliga a escuchar a la comunidad, no sólo a unos cuantos; a hacer parte de las decisiones a los propios regidores, y a elaborar diagnósticos objetivos sobre los temas a atender.

El propio regidor Sergio Beltrán Coronel acusó hace unos días que el alcalde Jesús Estrada Ferreiro y el Instituto Municipal de Planeación Urbana de Culiacán toman decisiones al vapor “sobre la nueva normalidad” del Centro Histórico, sin tomar en cuenta a los integrantes del Cabildo, quienes están rebasados por las malas decisiones, pues en ningún momento se hizo un análisis o pruebas para realizar las modificaciones en los paraderos de los camiones urbanos, la reapertura de negocios y la circulación vehicular, por ejemplo.

El gobierno municipal no solamente es responsabilidad del alcalde, remarcó, sino de todos los regidores.

Quizá la nueva normalidad anunciada requiera como principio el ejercicio de una nueva forma de gobierno, de consulta amplia y de una relación real entre las autoridades y los ciudadanos.

Culiacán espera esas decisiones.

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