LA BIBLIOTECA “BENJAMÍN FRANKLIN” de Mazatlán, casi se extingue en 1982

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  • En recuerdo a sus 60 años de existencia

Hoy cuatro de julio de 1982, cuando se celebra el acto político de mayor importancia para México, la elección de nuevo presidente de la República, cuando algunos ciudadanos exaltan el espíritu patrio del que carece la mayoría, sentimiento cuya justeza no estamos para discutirla, hoy reclamamos la atención de los lectores, reclamamos su ayuda para evitar un golpe fuerte a la cultura y a la educación en Sinaloa.

El hecho es éste: La Biblioteca “Benjamín Franklin”, que hoy domingo cumple 22 años de servir a la sociedad sinaloense, está a punto de desaparecer por la falta de apoyo de la ciudadanía, gubernamental y de quienes se nutrieron en ella de conocimiento.

Fundada en 1960 por el Servicio de Información de los Estados Unidos con su representante local, el señor Douglas A. Zizchke, ocupó un edificio en la calle Mariano Escobedo y llenó sus estantes con obras de cultura general en inglés y español, donde ofrecía, además, películas educativas y micropelículas en préstamos, así como el servicio en extensión bibliotecaria.

Miles de estudiantes de Culiacán a Escuinapa se beneficiaron con el préstamo de libros y la biblioteca, esperanza de un pueblo, crecía y era reconocida y respetada por el público que la visitaba.

En 1969, por reajustes económicos de la Embajada Americana, la biblioteca iba a ser clausurada. Ante el clamor popular, la embajada accedió a donar la biblioteca a un patronato que se encargaría de su conservación, aumentando en lo posible las obras recibidas en obsequio.

En 1969, entonces, el 4 de julio, precisamente, un entusiasta patronato encabezado por Gaspar Pruneda, recibió la biblioteca de Diana Stanley, directora regional del Servicio de Información. El Club Rotario, por la intercesión de Pruneda, donó 50 mil pesos, Ricardo Urquijo, presidente municipal, asignó una ayuda mensual de 4 mil.

Los miembros del patronato se allegaron de fondos con cuotas mensuales de la iniciativa privada y la biblioteca continúa brindando servicio.

EL ACTUAL EDIFICIO

En 1976, un generoso americano, Reid Erickson, deseoso de hacer algo por Mazatlán, ordenó construir un hermoso edificio que situado en el centro del parque Hidalgo, alberga desde el 15 de diciembre de dicho año a la biblioteca municipal “Ingeniero Manuel Bonilla” en la planta baja y a la “Benjamín Franklin” en el segundo piso.

Monumento a la bandera

A la entrada del edificio, como símbolo de épocas pasadas, permanecen los dos leones que adornaban al Monumento a la Independencia en Olas Altas primero y después al Monumento a la Bandera en el parque Hidalgo. Ahí se encuentran todavía, desdentados pero orgullosos de haber visto pasar ante sus ojos a generaciones de mazatlecos que se montaron en sus lomos.

Así, la biblioteca Benjamín Franklin, como madre amorosa, nutrió con su acervo cultural las mentes y las almas de miles de estudiantes que hoy, convertidos en profesionistas unos, en hombres de empresa otros, los más en honrados trabajadores, son ciudadanos útiles a la patria que los vio nacer.

Ahora, la biblioteca necesita de sus hijos. El patronato atraviesa por tiempos difíciles. Muchos donantes han retrasado su ayuda. La institución carece de lo más necesario. No se han comprado libros nuevos y se deben cuatro quincenas al personal.

Alguien —pueden ser los clubes de servicio, el gobierno, los exestudiantes— debe hacer algo para evitar que se cierre este local de la sabiduría.

Se necesita una enérgica campaña para la obtención de fondos, integrar un comité juvenil que con su entusiasmo ayude al patronato, que ex estudiantes convertidos muchos de ellos en padres de familia, ayuden a conservar para sus hijos la biblioteca que tanto los auxilió en sus años mozos, que todas las fuerzas vivas de la ciudad se interesen en obra tan primordial y que los gobiernos municipal y estatal tomen conciencia de la tragedia que significaría el que la biblioteca cierre sus puertas definitivamente.

Sería una verdadera desgracia para Mazatlán que se cierre una biblioteca mientras se abren más cantinas.

Salvemos a la Biblioteca Benjamín Franklin. Ayudemos en la medida de nuestras fuerzas.

Escrito por Juan Lizárraga Tisnado y publicado en NOROESTE-Mazatlán el 4 de julio de 1982 con el título No debe desaparecer la Biblioteca “Benjamín Franklin”. Nuestra cultura, ¿en deterioro?

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