El cultivo y venta de cocos, una actividad que se niega a desaparecer: Fernando Pucheta

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Una de las pocas actividades que menos mermas ha tenido durante la crisis provocada por el coronavirus es la actividad del cultivo y la venta de cocos en la Isla de la Piedra.

Hasta el paradisiaco ejido se trasladó Fernando Pucheta Sánchez, dirigente de la Agrupación “Pucheta, Una Mano Amiga” para conocer una de las actividades más importantes, en cuanto al cultivo de frutos, además de la pesca.

José Guadalupe Soriano Olivo, de 36 años de edad, es la tercera generación de su familia que por 50 años se han dedicado al aprovechamiento de una parte de las 1 mil 200 hectáreas dedicadas a la plantación de cocos. Al lado de su madre, la señora Olga Olivo, son una de las 40 familias que dependen de este fruto, al cual se le atribuyen propiedades medicinales, pues se dice, es auxiliar en el tratamiento del Covid-19.

La Isla de la Piedra, tiene 14 mil habitantes, fue fundado como ejido en el año de 1937, aunque su antiguedad data de hace dos siglos, legalmente se constituyó hasta hace 83 años años. Los campesinos trasladan el fruto de sus huertas hasta Baja California Sur, Sonora y Durango. Municipios como Culiacán y Guamuchil, son importantes consumidores del coco.

La venta de este fruto proveniente de una de las palmeras mas cultivadas en el mundo da subsistencia económica a más de 40 familias de la isla. Afortunadamente muy poco ha disminuido su consumo, por lo que se trata de uno de los cultivos más bondadosos en Mazatlán.

Fernando Pucheta instó a la gente al consumo local, “a comprar lo que nosotros mismos producimos en una tierra pródiga”, donde lo mismo se cosecha nanche, calabaza, mango y ciruelas, toda vez que en la pesca, la Isla es uno de los polos de captura y distribución más importantes del municipio.

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