“EL NIGROMANTE” IGNACIO RAMÍREZ CALZADA DESCRIBE AL MAZATLÁN DE 1864

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  • Ignacio Ramírez nació el 22 de junio de 1818 en Guanajuato y murió el 15 de junio de 1879 en la ciudad de México.

Los ensayos, las poesías, los discursos de Ignacio Ramírez se encuentran aún dispersos en los diferentes diarios, en pequeños folletos. Cuando se recopilen todas sus obras llenarán cerca de 20 gruesos volúmenes.

Se recuerda con agrado la participación de “El Nigromante” durante la intervención francesa en Mazatlán.

Se recuerda la alabanza que hacia Antonio Rosales, joven promesa, entonces, en quien “El Nigromante” adivinó sus virtudes, que están impresas en sus “Cartas a Fidel”, es decir, a Guillermo Prieto, en las cuales, a más de quejarse del infernal calor mazatleco, describió a la ciudad de la siguiente manera:

“Y todo tiene aquí por tipo el cerro de la Nevería. El puerto, sin embargo, será magnífico cuando se surta de agua potable; cuando se construyan algunas obras que se opongan a las travesuras de las corrientes atmosféricas y marinas; cuando se concluyan puentes y diques, que no se han comenzado; cuando los arsenales y otras obras militares salgan de proyecto, cuando se improvisen baños y paseos; cuando se fundan en una las cinco o seis colonias que dividen la ciudad y en vez de alemanes, franceses, yanquis, españoles, tepiqueños, duranqueños, paceños, sonorenses, culichis, etcétera, no haya más que mazatlecos; cuando en lugar de contrabando tengamos comercio…”.

Es irresistible la tentación de publicar un trocito de otra de sus Cartas a Fidel:

“Lo que llama la atención del viajero e impresiona agradablemente, es el movimiento que se nota en la ciudad, sobre todo en los barrios comerciales y las cercanías del muelle. Mazatlán es esencialmente una población de trabajo y entre aquel ir y venir de peatones y carruajes no se nota esa miseria y abandono de nuestro pueblo que tan dolora impresión causa en la mayor parte del interior de la República. El pueblo es limpio, alegre, bullicioso y desconoce por completo la miseria. El alto comercio cuenta con varias casas millonarias y su contacto mercantil con San Francisco de las Californias han desterrado de estas gentes la apatía y el odio al trabajo que caracterizan a los moradores de las tierras calientes. Hay en este pueblo algo muy particular: así como el día lo consagra exclusivamente al trabajo, la noche lo dedica a la juerga y al holgorio”.

Así era Mazatlán en 1864, con sus 18 mil habitantes, en la perceptiva de Ignacio Ramírez, el evocador de los muertos para conocer el futuro, “El Nigromante”.

La intervención francesa en Mazatlán. Sergio Herrera y Cairo.

Un día nosotros seremos los nigromantes y evocando a Ignacio Ramírez y a la pléyade de liberales que vivieron en su época, conoceremos y haremos el futuro de México.

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