Don Cruz Lizárraga, habla de su vida y aspiraciones en entrevista de 1987. Hoy, 25 años de su muerte

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  • José Cruz Lizárraga Lizárraga nació el 1 de julio de 1918. Murió el 17 de junio de 1995.

Al borde los setenta años de edad (cumplió 69 en julio de 1987), Cruz Lizárraga sigue siendo el mismo hombre sencillo de su infancia en El Recodo y sus alrededores, el mismo que vendió aquella puerca en 48 pesos para darlos en abono por un clarinete que le costó 75 pesos. Nada han podido contra su sencillez los encantos del aplauso y la fama, la amistad de encumbrados personajes, el canto de las sirenas, el becerro de oro. Su energía es la misma.

Siente, a pesar de todo, don José Cruz Lizárraga Lizárraga, que las “fuerzas vivas” de Sinaloa no le otorgan el reconocimiento que merece, no monetario, sino de acreditar su nombre en actos realizados, hechos en nombre de Mazatlán, de Sinaloa, de México.

Es que nadie como él ha hecho tanta promoción a nuestro estado en el extranjero con las constantes presentaciones que realiza a lo largo del año y desde 1962 y nunca se le reconoce… En verdad que hace falta un homenaje más a Crucillo. Nunca estarán de más los homenajes que se le hagan, en vida, al director —fundador…, ¡todo!— de la Banda El Recodo.

Y se queja de injusticia: a los músicos nunca se les da el crédito que merecen al hacer una grabación, mucho menos se les paga lo justo. Esto lo dice porque últimamente los “grandes” han grabado con bandas, más la injusticia se comete con todos los músicos, los de orquesta, los de mariachi, los de grupos modernos.

De ello nos hablaba Cruz Lizárraga durante y después de un desayuno en su domicilio, rodeado de trofeos, diplomas, de recuerdos, como aquel primer clarinete, al tiempo que nos contaba algo de su anecdótica vida y terminó cuando nos regaló un folleto que le hizo Apolinar Valadez, en 1980, en un homenaje que le ofreció la Sociedad de Autores y Compositores de Sinaloa, para reforzar lo mismo que nos contó, ya que su memoria es privilegiada, no sólo para almacenar la escritura musical, sino de cada una de sus vivencias.

“YO NO INVENTÉ LA TAMBORA”

Cruz Lizárraga se jacta de haber impuesto su estilo, el que es reconocido a nivel internacional. La banda-tambora ya existía cuando nació, pero la música que tocaba era con estilo alemán y él la hizo alegre, sinaloense, bravía, “bronca”.

Se le ha querido reprochar este cambio y argumenta que él no estuvo en contra, nunca se opuso, a que sobrevivieran estas bandas con antiguo estilo, pero la gente prefiere la música alegre, que suene la tambora, que se escuchen los platillos y el clarinete más vivo, octavado.

Y las orquestas en general desaparecieron también, ¿por qué? Porque las bandas tambora las han sustituido, ya que lo mismo ejecutan canciones antiguas, valses, que música tropical, bullangueras, que las canciones de moda, que música clásica.

SU MÚSICA Y LA POLÍTICA

Cruz Lizárraga se empezaba a escuchar allá por 1960. Y en uno de sus primeros viajes a Estados Unidos, le tocó alternar con un grupo tropical que tenía mucho pegue en ese tiempo: Mike Laure y sus Cometas.

Los aplausos allá en Las Vegas fueron parejos, pero el grupo de música tropical tuvo su época. Cruz Lizárraga sobrevivió, se mantuvo y ha acrecentado su éxito.

Fue siempre de menos a más, siempre hacia arriba, siempre hacia adelante, con dignidad a partir del estudio de la música y del trabajo constante, sobrio, ya que no sabe lo que es embriagarse sin subestimarse. Luis Pérez Meza, El Trovador del Campo, tenía su genio y su lenguaje, gustaba de imponerse, más no lo pudo hacer con Cruz Lizárraga aquella ocasión, también en Estados Unidos, cuando Pérez Meza dio otro tono, salió desentonado y pidió disculpas diciendo que la orquesta se había equivocado, pero Cruz tomó el micrófono y aclaró que era el cantante el equivocado…, pidió el tono de nuevo y no ha pasado nada.

En 1958, Adolfo López Mateos, candidato del PRI a la presidencia de la república, lo llevó en su campaña por el estado y por Chihuahua y así nació una amistad que perduró siempre.

Alfredo Valdés Montoya, gobernador durante 1968-1974, lo envió en una comitiva para despedir como gobernador de Baja California Sur a Hugo Cervantes del Río, de quien también se hizo su amigo.

Leopoldo Sánchez Celis, su amigo “Polo”, también lo solicitaba frecuentemente para sus actos políticos y para sus fiestas. Sucedió lo mismo con Alfonso G. Calderón y con Antonio Toledo Corro. “A Labastida lo conozco poco”, nos dijo.

UNA GRAN EMPRESA

La banda El Recodo de Cruz Lizárraga es una empresa que da de bien comer a bastante gente que se ha sostenido y trabaja con números negros, principalmente por el trabajo y el ingenio que hay en ella, no porque se busque el lucro, pues de ser así hubiera fracasado, ya que la inversión mayor la hace Cruz Lizárraga y en verdad, muchas no son inversiones, sino regalo, derroche para beneficiar a sus amigos.

Y la banda beneficia a otras bandas: Cruz Lizárraga tiene trabajo en exceso y sin ningún celo da “chamba” a otras bandas, se las manda a los amigos que solicitan la tambora en diferentes partes de la república.

Su situación económica es holgada y sin embargo, vive en la colonia Juárez de Mazatlán. No será por largo tiempo. Ya bajo sus exigencias y dirección, construye una “casita” en Lomas de Mazatlán, para vivir a gusto. Ahí tendrá un pequeño espacio para sembrar un poco de maíz, calabaza, sandías… El caso es que no hay que olvidar el origen.

Escrito por Juan Lizárraga Tisnado, publicado en NOROESTE-Mazatlán el 29 de marzo de 1987.

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