El Centro Histórico de Culiacán puede morir. ¿Hay plan de rescate?

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El centro histórico retoma aprisa su ritmo caótico con la reapertura del comercio. El problema es cómo hacerlo sin que ello genere nuevos picos de la pandemia en Culiacán.

Existe un principio legal que llamamos la Pirámide de la Movilidad Urbana Sustentable, establecida en la Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano, que debería modelar las intervenciones urbanas ahora y en el futuro en la ciudad.

Este precepto, en una sociedad como la nuestra en la que el rey es el auto, parece absurdo y es incomprensible para la mayoría de los ciudadanos.

Tal ordenamiento establece que la prioridad es garantizar a los peatones, discapacitados y las bicicletas la prioridad en el uso del espacio público.

La jerarquía ordenada por la legislación coloca al sistema colectivo de transporte urbano en el segundo lugar de las prioridades de esa escala, y deja al auto particular en la parte más baja de la pirámide.

Es decir, primero los peatones y al último los autos.

Constituye un error ignorar estas prioridades en las discusiones públicas eventuales, como la actual.

Pero, a falta de un programa de planeación urbana sectorial actualizado para el centro histórico de la ciudad, el riesgo es caer en improvisaciones que aparentemente resuelven un problema complejo… momentáneamente.

En una reunión de trabajo celebrada vía Zoom el 11 de junio, convocada por el alcalde Jesús Estrada Ferreiro, retransmitida posteriormente a través de las redes sociales, quedaron en evidencia algunos de estos riesgos.

El ejercicio —independiente de sus buenas intenciones— puso en evidencia que no existe o no se observa un instrumento de planeación actualizado que corrija con soluciones integrales los grandes conflictos del centro histórico.

El riesgo —latente siempre— es que mediante estás mecánicas de discusión ocasionales se imponga el interés y la fuerza de presión de algunos grupos de interés sobre los preceptos legales que deben ser norma cotidiana.

El centro histórico funcionará de la manera acostumbrada, generando altos índices de contaminación, inseguridad y caos vial; lo peor, seguirá la tendencia de abandono que se observa debido a la baja población y a la paralización del sector en la noche.

Habrá que definir qué queremos hacer del centro con una visión de mediano y largo plazo, antes de que este espacio quede muerto, desplazado absolutamente como opción para el comercio, gracias a la proliferación de enormes centros comerciales en todos los rumbos, a los que la población cada vez más prefiere acudir en busca de satisfacer sus necesidades de consumo.

Al igual que en las ciudades en las que la identidad y el patrimonio histórico son elementos primordiales, en Culiacán debemos pensar ya en qué queremos para el centro. Una opción —la opción— es dignificar el espacio y salvarlo de una muerte lenta. ¿Hay plan?

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