Alcohólicos anónimos, 85 años de lucha por reivindicar a los caídos… y contando

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  • El 10 de junio de 1935 se fundó Alcohólicos Anónimos en Estados Unidos,

El alcoholismo, enfermedad incurable, progresiva y mortal

Al bebedor social le parece sin sentido esa frase y a quien se siente hundido sin encontrar el bálsamo que lo salve de la turbulencia psíquica, social y física en que lo ha sumido el consumo descontrolado de alcohol, le produce un resignado “me vale”.

Si los psiquiatras, si la medicina, si la voluntad individual de los afectados, ni nada ha podido curar esta enfermedad, la cual junto con el cáncer y la diabetes, es una de las tres incurables, debe destacarse ahora que cumple 135 años de fundado: Alcohólicos Anónimos es la única organización que con psicoterapia colectiva ha logrado atenuar milagrosamente este mal.

“El alcohol me dejó sin familia y sin hogar”

—Buenas tardes. Me llamo Adolfo y soy alcohólico.
—Qué tal, Adolfo. ¿Cómo estás, Fito? —le respondió un coro de voces desprendidas de aproximadamente veinte gargantas por muchos años embrutecidas por el alcohol y que ahora buscan, y lo logran de rápida manera, su purificación.

Estamos en una reunión del Grupo Mazatlán de Alcohólicos Anónimos. Parecía una reunión cualquiera, más se conmemoraba el aniversario de que Bob S. y Bill W. formaron esta comunidad. Las fotografías de los pioneros pendían de la pared a un lado de la tribuna.

Adolfo, quien tiene tres años seis meses sin ingerir un trago de licor después de su ingreso a la comunidad, platica su ingrata experiencia. Hablaba tranquilo, con la tranquilidad que le da el haber recuperado a su familia, a su trabajo y la aceptación de la sociedad.

Recuerda su llegada a Alcohólicos Anónimos, descalzo, sin familia, sin casa. Así lo había dejado el alcohol.

Le dijeron que el primer paso para recuperarse era el reconocer su enfermedad. Hacerlo conlleva un 50 por ciento de recuperación. Luego, que hiciera un inventario de lo sucedido.

¿Cuándo se convirtió de bebedor social en bebedor problema? No sabe, porque el puente que existe entre ambos es imaginario. Ofendía a todos, particularmente a sus seres queridos, a la familia; era ingobernable. El alcohol lo convirtió en un títere.

Su garganta era “estándar”. No saboreaba al licor, lo tomaba por el efecto que le producía, como droga, para resolver sus problemas.

Y Alcohólicos Anónimos ha sido su salvación. No prueba un trago, porque si lo hace caerá de nuevo en el vicio, porque el alcoholismo es una enfermedad incurable.

Todos los días se promete no probar el licor en 24 horas y atiende los cinco puntos de recuperación del alcohólico:

1. Acepta que es alcohólico.
2. Analiza su personalidad, y hace un inventario y hace borrón y cuenta nueva.
3. Hace reajuste de relaciones interpersonales.
4. Cree en un poder superior, y
5. Trabaja con otros enfermos

El surgimiento de Alcohólicos Anónimos ocurrió en Akron, Estados Unidos, el 10 de junio de 1935, tras una reunión entre Bill W., un corredor de bolsa de Nueva York, y el Dr. Bob Smith, un eminente cirujano de esa ciudad. Ambos padecían graves trastornos por su forma de libar bebidas espirituosas. Bill había permanecido abstinente durante seis meses, y ese día, el Dr. Bob bebió su último trago. En esa ocasión, estos dos enfermos alcohólicos se conocieron personalmente, para después dejar de beber y alcanzar el estado de sobriedad. También por su gran ayuda al Dr. Bob y aporte a la organización, se reconoce a la hermana enfermera Ignaciana Mary Gavin como su fecundadora.

Escrito por Juan Lizárraga Tisnado, publicado en NOROESTE-Mazatlán el 11 de junio de 1981, actualizado para Reporte Naranja.

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