La transición del periodismo oficial al industrial en Sinaloa

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Las gestiones iniciales para llevar una imprenta a Sinaloa comenzaron con el gobierno de Guadalupe Victoria, en octubre de 1824. El presidente adquirió una pequeña imprenta con valor de 4,500 pesos al presbítero Joaquín Furlong. El vicegobernador Francisco de Iriarte y Conde, hombre culto educado en Guadalajara, fue el encargado de gestionar la compra y el traslado, vía Zihuatanejo, de la imprenta destinada a la provincia de Sinaloa. Fue también él quien contrató los servicios del impresor José Felipe Gómez, tipógrafo descendiente de Ignacio Gómez, primer impresor de Michoacán. Don José Felipe había servido a los hermanos Rayón e incluso a José María Morelos y Pavón. 

No se tiene noticia exacta de la fecha en que salió la imprenta de la ciudad de México, pero parece ser que la tardanza de los trámites oficiales, la contrata de los impresores, el empaque y traslado a lomo de mula del taller de imprenta hasta el puerto guerrerense, retardó la llegada de la imprenta a la Provincia de Sinaloa hasta octubre de 1825. 

El primer impreso de Sinaloa fue la Convocatoria para las elecciones y las Bases Generales para la integración del Congreso, ley publicada y sancionada el 8 de noviembre de 1825. 

La imprenta funcionó en la ciudad de El Fuerte, desde el día 8 de noviembre de 1825 hasta el 28 de agosto de 1826, en que se hizo el cierre de sesiones del primer periodo del Congreso Constitucional de Occidente. 

Después el taller estuvo inactivo ya que fueron trasladados los poderes al Real de Minas de Cosalá, Provincia de Sinaloa, por el levantamiento armado de los indios yaquis y mayos instigados por el cura párroco de Cocorit. 

El señor Gómez reinstaló la imprenta en la población de Cosalá con alguna tardanza motivada por la desintegración del Congreso, pero volvió a trabajar de nuevo el día 27 de diciembre de 1826, permaneciendo hasta el 30 de noviembre de 1827. 

El Congreso de Occidente, en Cosalá, señaló capital y residencia de los poderes del estado al Mineral de Álamos, con fecha de 26 de octubre de 1827, pero debido a las discordias entre los legisladores, anduvo la Asamblea errante por la ciudad Asilo del Rosario, hasta establecerse en el Real de la Purísima Concepción de los Álamos el 18 de enero de 1828, lugar donde volvió a funcionar el taller de imprenta y permaneció en este sitio hasta que se hizo la división de Estado de Occidente en dos entidades federativas: Sinaloa y Sonora, el 13 de marzo de 1831. 

Los materiales publicados en estos primeros años de la imprenta sinaloense, son decretos, contrataciones, circulares, estado de las rentas del estado, memorias de tesorería, informes de la administración pública, aranceles, dictámenes diversos y leyes. 

El primer libro impreso en Sinaloa fue la Colección de decretos expedidos por el Honorable Congreso de Occidente, editada en 1826 bajo la dirección de José Felipe Gómez. 

La cuna del periodismo en Sinaloa fue el Real de Minas de Cosalá, donde se publicó el primer periódico titulado El Espectador Imparcial en febrero de 1827. En la población de El Fuerte, el primer periódico fue Celajes, que todavía se publicaba en 1829. En Culiacán, capital del Estado después de la separación de las dos provincias, se publicó Los Gracos, en agosto de 1832.

El Correo de la Tarde apareció en Mazatlán en 1885, fundado por Miguel Retes e impreso en el taller de este mismo. Pocos meses después de su aparición, la Cámara de Comercio de Mazatlán lo toma como su órgano oficial. “El periódico se convierte desde entonces hasta 1905 en vocero de ese grupo.” Precisamente ese año, Miguel Retes vendió su empresa periodística a Francisco Valadés y Andrés Avendaño, comerciantes del puerto. Figuró como decano de la prensa nacional, ya que circuló hasta fines de los años setenta del siglo XX. 

Es sin duda, uno de los periódicos más importantes de fuera de la ciudad de México por diversas razones. La imprenta en la que nació, se consideraba ya en 1898 como digna competidora de las mejores de Estados Unidos. Desde 1892, tuvo una caldera de vapor de dos caballos para mover las prensas y el mayor capital de la ciudad y en 1898, tenía máquinas de rayar, de grabados, estereotipos, así como un sinfín de aparatos modernos. Las prensas eran de cilindro y de pedal y la maquinaria, como ya se ha dicho, se movía por vapor. Desde 1900, el taller se convierte en la “Imprenta, papelería y librería de Miguel Retes y Compañía”. El Correo de la Tarde está considerado como el más moderno de la región noroeste de México. 

Por las características de su proceso técnico de impresión, formato, organización de su espacio, sistemas informativos que posibilitan su interconexión con otros periódicos, la presencia de repórters, corresponsales y fotógrafos para la caza de noticias, su sistema de abonados y su diversidad tipográfica, entre otros.

Algunas de estas características se presentaron en el periódico desde su nacimiento, pero otras fueron presentándose con el tiempo, y por lo tanto, la modernidad del diario puede considerarse como gradual y sin embargo precursora en la región de noroeste. Fue significativo que este periódico no saliera a la luz en Culiacán, la capital, sino en Mazatlán, puerto importante para el comercio, donde llegaban las mercaderías y las noticias a través de los barcos y las diligencias, así como del correo y posteriormente del telégrafo. El Correo de la Tarde contó con este servicio desde 1886 y con teléfono desde 1898. La presencia en Mazatlán del señor Antonio Verdinez, agente de periódicos de diversos lugares de México y del extranjero fue crucial para el periódico, que se enriqueció con esta información y pudo aumentar su circulación mucho más allá de las fronteras del Estado y del país. 

Todo esto repercutió naturalmente en los formatos y contenidos del periódico. Desde 1896 se encuentran ilustraciones (grabados y fotografías) en la primera página y gran cantidad de publicidad, no sólo local, sino nacional e internacional. 

Sin embargo una característica que hace especial y diferente a este órgano periodístico, es la posición crítica que guarda el periódico respecto a los gobernantes en general, a excepción de Porfirio Díaz. Los mismos gobernantes porfiristas se quejaron muchas veces de la posición crítica del periódico. 

Extracto de: La transición al periodismo industrial de tres periódicos mexicanos. Finales del siglo XIX y principios del XX. Autor<: Celia del Palacio Montiel. Institución: Universidad de Guadalajara

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