Martiniano Carvajal, una historia de vida personal escrita por Amado González Dávila en 1959

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  • Una calle, una escuela, una cancha-parque y el Hospital General de Mazatlán, llevan su nombre.
  • Se le recuerda por su participación en el combate a la peste bubónica, pero su vida es un ejemplo de resiliencia

El Dr. Martiniano Carvajal nació en Mazatlán entre el 1° y el 2 de enero de 1886, en la calle de San Francisco (hoy Martiniano Carvajal) Manzana 4, del Cuartel Tercero.

Abandonado por su padre a los dos o tres meses antes de nacer, vino al mundo al amparo de caritativas vecinas,según nos dice el Sr. Alfredo Ibarra Jr.

El Dr. José Rico Verdugo realizó la operación gratuita y su primera situación fue de  completa indigencia, porque no podía llamarse pobreza.

Su madre, Simona Carvajal, muy joven y sin recursos para poder afrontar las necesidades de crianza del primogénito, procuró que su hijo aprendiera las primeras letras con verdaderos sacrificios, pero ante la imposibilidad de procurarle una buena educación, lo llevó ante Jesús Loreto, Director del Liceo de Varones para que sirviera de mozo y pudiera ganar el sustento material y espiritual, cuando apenas contaba con 7 años de edad.

Pero fue tal la dedicación del niño que muy pronto llamó la atención de propios y extraños por su obediencia, trabajo y por su integridad. El Director del Liceo le llamaba “El Niño Prodigio”. Con ese motivo trató de prestarle mayor atención a su protegido. Termina su instrucción y a los 11 años habla perfectamente el inglés y el inglés y avizoraba las matemáticas superiores, la literatura y otras disciplinas. A la misma edad escribía su primera novela intitulada “La Huérfana”. De su maestro aprendió música, telegrafía, imprenta y encuadernación.

Ingresó al taller del propio plantel con un pequeño sueldo, después pasó al taller de D. Miguel Retes y fue aquí donde cobró verdadera afición a las letras. En una distribución de premios se llevó todos los primeros lugares en todas las asignaturas.

 Fue subdirector del Liceo; posteriormente, su madre hizo el sacrificio de enviarlo a la ciudad de Guadalajara para que continuara su preparación, ingresando a la Preparatoria. En esta institución se distinguió por su extraordinaria inteligencia, por su dedicación y por su conducta excelente. Como un caso excepcional, no lo quisieron examinar en privado, como era costumbre, sino ante el pueblo para que se diera cuenta de la capacidad extraordinaria del estudiante.

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En dos años hizo lo que pudo haber hecho en cuatro largos

años. Después de algunas rogativas al Ayuntamiento de Mazatlán lo pensionó con $15.00 mensuales y se le suspendió por dificultades de carácter administrativo, viéndose en la necesidad de solicitar trabajo en los periódicos y tuvo la fortuna de ser aceptado, pasando a formar parte del cuerpo de redactores. Sus artículos aparecían junto con los de Salado Álvarez y otros escritores de fama de aquella época.

Tomó parte en un concurso literario habiendo ganado el primer lugar; pero en lugar de recibir la medalla, pidió que le otorgaran una pensión para poder continuar sus estudios, lo cual le fue concedida la suma de $10.00.

En esas condiciones, Carvajal pudo abrirse paso en la vida hasta recibir su título profesional.

Fue uno de los primeros ideólogos de la Revolución de 1910, quien señaló los deberes del pueblo en sus arengas y en sus conferencias.

Cuando desempeñó su profesión en la ciudad de Mazatlán, fue nombrado Inspector Escolar de esta zona y fue quien fundó el primer Jardín de Niños en la ciudad atendido por la señorita María de la Vega.

Texto íntegro tomado del Diccionario geográfico, histórico, biográfico y estadístico del Estado do Sinaloa (1959), de Amado González Dávila.

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