El Marino, 71 años moliendo café

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  • UNA INDUSTRIA ORGULLOSAMENTE MAZATLECA, CREADA POR RICARDO LIZÁRRAGA (+)

Un doce de octubre de 1950, el espíritu emprendedor de Ricardo Lizárraga quiso experimentar con un nuevo negocio y puso, ese “Día de la Raza”, un tostador de café, pequeño, entre las calles Zaragoza y General Damy. Ahí surgió Café El Marino.

El negocio funcionó y después lo acompañaron en sus desvelos, para conseguir la semilla, tostar y empacar el café, sus hermanos Enrique y Martín.

Consiguieron la plaza, para lo cual hubieron de competir contra otras muchas marcas que suavizaban el aliento de los mazatlecos y no sólo logró Café El Marino sobresalir, sino que ahora terminó con toda esa competencia.

La fórmula de elaboración de este café es única, aunque quizá su éxito se deba a que se envasa recién tostado.

El café llenó el mercado local y se envió luego a Culiacán, Los Mochis, Mexicali, a toda la costa del Pacífico, a Jalisco, a México, a Durango y ahora se distribuye en un 50 por ciento del territorio nacional. Desde hace dos años se envió a Estados Unidos y se han tenido buenos resultados, dice con satisfacción Faustino Lizárraga, entrevistado en las oficinas de la planta, hermano de los fundadores.

Claro, ya no trabajaba en el antiguo edificio de la Zaragoza, sino que se construyó donde funciona actualmente desde 1959. Conforme aumentaba el mercado, se modernizaba la maquinaria y la que tiene en estos momentos es una de las más modernas de México, tanto en el aspecto del enlatado, como en el procesado del producto. La tecnología es propia.

Café El Marino consigue directamente el producto de los sembradores, para lo cual tiene plantas establecidas en los centros de producción para seleccionar el grano. La no intervención de intermediarios le permite venderle hasta a la competencia.

Desde este año, no sólo se envasa café, sino también se elabora gelatina y chocolate, además de otros productos que están por procesarse.

Faustino Lizárraga afirma con orgullo que Café El Marino es cien por ciento regionalista, mazatleco; a pesar de que le traería ventajas funcionar en otro lado, se prefiere a Mazatlán.

La bienvenida que brinda al visitante su exquisito aroma, es por eso, más auténtica.

EL OLOR A CAFÉ AL LLEGAR A MAZATLÁN POR LA ENTRADA SUR

El visitante e incluso el propio habitante de Mazatlán que entra a la ciudad en vehículo por la carretera Internacional al sur, sufre, a pocos kilómetros antes de llegar, un impactante golpe en su olfato producido por el hedor de las “guaneras”, de los desechos de las fábricas de harina de pescado.

Si para los mazatlecos esta peste es angustiosamente insoportable, hay que imaginarse cómo será para quienes llegan por primera vez a Mazatlán: ganas han de sentir de regresarse, más no vienen a Mazatlán atraídos por los buenos olores. Con el sistema de drenaje que tenemos no vendría nadie.

De lo que sí estamos seguros es de que la mala impresión que puede causar el olor del pescado putrefacto, se disipa apenas se pasa el Paso Superior: un delicioso aroma de café tostado invade la atmósfera y el visitante lo absorbe queriendo llevárselo por siempre.

Es la fábrica de Café El Marino.

Entonces tiene uno recuerdos fugaces de lo sabrosa que es una taza de café en la oficina, antes o después del desayuno, para levantar el ánimo y tener un aspecto tonificante. Cargado, bien caliente, con leche tibia, con poca azúcar. Hay mil maneras de consumir esta deliciosa bebida estimulante cuyo principal activo por los efectos que produce, es la cafeína.

BREVE HISTORIA DEL CAFÉ

Según una leyenda, el café fue descubierto por un abisinio atraído por el olor agradable de una mata que ardía. Dicen que probó sus frutos y tanto le gustaron que decidió preparar una bebida con ellos.

Hasta el siglo XV, el cafeto o árbol del café, sólo se encontraba en África. Después fue introducido en Arabia. Por un periodo de 200 años la única fuente de suministro de café en el mundo fue Yemen, en el Sur de Arabia. En el siglo XVII los holandeses introdujeron el cultivo del cafeto en Java y distribuyeron plantas por varios países tropicales. Los ingleses lo llevaron a Jamaica, de donde pasó a la América Central y la del Sur. La infusión de café se hizo pronto bebida popular, tanto en Europa como en América.

Publicado en Noroeste-Mazatlán el 1° de julio de 1981

Escrito y actualizado por Juan Lizárraga Tisnado para Reporte Naranja

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