EN RECUERDO DE JAVIER VALDEZ, A TRES AÑOS DE SU MUERTE

0
135

TE TOCÓ BOLA NEGRA, BATO

Por Guillermo BAÑUELOS. 15 de mayo de 2017

Querido Javier: no olvido la maltratada que me recetaste cuando te conté el caso de Juan ‘N’, quien, por la falta de una firma del mentado Señor Director aún seguía tras las rejas cinco meses después de pagar su condena en el penal de Culiacán.

“Son chingaderas, loco, ¡muévete! Toca todas las pinches puertas y, si quieres, te acompaño. ¿Qué chingados esperas? Ve con el General, es un bato que escucha; pídele el paro a la Emma… exígele la firma al secretario de Gobierno, ¡haz lo que sea!”, me reclamaste.

Así eras, loco: frontal, franco, chingón y solidario, y por eso apechugué la regañada.

Pero el tema importante ahora es tu muerte, sobre la cual dirías que te tocó bola negra.

Cobardes. De qué pinche forma acabaron contigo: 12 tiros cegaron tu vida valiosa y fecunda y ya no escuchas, ni lees, ni escribirás en lo sucesivo la Malayerba, que para eso te mataron, supongo.

¿Por qué 12 tiros? ¿Por Río 12?

Confieso que te admiré y envidié siempre tu arrojo, bato.

Fuiste un cabrón justo y valiente que no se amedrentó ante la amenaza siempre latente y permanente que significó ejercer un periodismo de alto riesgo.

Ya sé que otros colegas escribirán lo mismo pero te cuento que ayer viví la manifestación de repudio a la violencia más auténtica de periodistas en Sinaloa. Tuve el gusto que tendrías tú al ver a la raza, tu raza, encabronada. Ya era hora.

Medio desorganizados y todo –ya te la sabes-, coincidimos frente a la Catedral a las 09:30 horas.

Estuvimos todos, excepto tú, aunque sé que si estos cabrones no te hubieran matado estarías al frente y en primera fila. Corrijo: sí estuviste y de manera chingona en la mente y en el corazón de todos.

Tu adhesión al dolor de otros –de todos, mejor dicho- te distinguió siempre. Y no es coba, ni choro, loco, lo comentamos todos ayer.

Frente a la Catedral, el legendario Jorge Guillermo Cano Tiznado propuso que nos trasladáramos a pie a la funeraria. De principio, la propuesta fue bien recibida.

Pero tronó una voz de mujer para opinar que el contingente debía marchar a las oficinas del gobernador Quirino Ordaz Coppel. Para qué protagonismos, planteó, vámonos derecho con el gobernador.

Era la voz de María de los Ángeles Moreno, nuestra querida Machángeles. Y ái vamos todos, bato.

Llovió anoche. O en la madrugada. Fue una mañana fresca, de chipi chipi, a modo para realizar una nutridísima marcha que paralizó la Obregón.

Éramos un chingo. De todo el estado, de la CDMX, del extranjero.

Doblamos en el Leyva y luego hacia la Riva Palacio hasta llegar al sitio en que te asesinaron. Así supe en dónde ocurrió.

Aunque tu cuerpo estuvo expuesto sobre el pavimento ¿durante horas? en espera de que los investigadores efectuaran las diligencias, me ganó la cobardía. No pude ir a verte.

Luego llegamos al Palacio de Gobierno y el contingente imponente se extendió sobre el patio central.

La petición central fue hablar de inmediato con el gobernador. Con nadie más.

Algunos funcionarios de primer nivel descendieron a la explanada y explicaron que Quirino Ordaz no se encontraba en el edificio.

No obstante, minutos después cambió la disposición: abrieron el auditorio del primer piso y ahí se realizó el encuentro.

Apareció Quirino Ordaz tras tomar la mejor decisión que podía adoptar en el momento: dar la cara, afrontar los sucesos, escuchar y comprometerse a atender la exigencia de todos.

Varios colegas tomaron el micrófono y exigieron justicia.

Cuestionaron las estrategias de seguridad empleadas durante este gobierno y gritaron que en Sinaloa no existen garantías para hacer periodismo.

¿Qué vas a hacer, Quirino?, espetaban.

La ocasión no pudo ser más complicada para un gobernador de Sinaloa visiblemente afectado.

Dijo que estaba igual de indignado que todos porque era también tu amigo.

Propuso a los periodistas enfrentar juntos el dolor que ocasionó tu muerte.

Este caso –tu caso-, no puede ser un crimen más, mencionó.

Luego admitió las deficiencias de su gobierno en materia de seguridad.

Recordó que encontró las corporaciones policiacas en condiciones deplorables y por ello pidió la ayuda federal, que, por cierto, no ha resuelto la situación de violencia que nos ahoga.

Se sumó al reclamo de los periodistas y ofreció hacer todo lo que haya que hacer y a aportar todos los recursos que haya que aportar para crear de inmediato una fiscalía especial que investigue y esclarezca tu homicidio.

Quirino se mostró abatido.

“Estoy aquí porque tengo el mismo dolor que ustedes. Siento, veo y vivo lo mismo que ustedes. ¿Qué quiero? Lo mismo que ustedes”, pronunció.

Ofreció además hacer lo que se requiera para formar un grupo con los mejores investigadores locales y del país, y replanteó: “Lo que ustedes digan”.

¿Cómo ves, loco?

Algunas voces pidieron crear “un comité ciudadano”, y otros exigieron a Quirino “que renuncie” en caso de no aclarar tu caso en un tiempo perentorio.

Lo del comité ciudadano no me gustó.

A lo largo de un chingo de años de vida he visto que éstos sólo sirven para nada o para no resolver el asunto o para que éste quede en el olvido muy pronto. No falla.

Tampoco creo que la solución sea “que renuncie”.

¿Para qué, bato? ¿Necesitamos un chivo expiatorio de lujo? ¿Le damos tres días, tres semanas o tres meses y si no concluye la investigación que decline al cargo? Yo digo que no.

Mejor que sea como se acordó, tras una propuesta oportuna de Alejandro Sicairos, quien desechó la idea de formar un comité ciudadano y amarró a Quirino para dar seguimiento semanal a las investigaciones.

Mejor así, ¿no? Que cada semana Quirino nos diga personalmente si se logró o no dar con tus asesinos.

Por cierto, haces falta, loco.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí