PELIGRO | ACECHA LA DEPRESIÓN POR SOBRE-INFORMACIÓN

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Si escuchas ‘Infodemia’, pon atención. Te incumbe. Consiste en la sobre-información sobre la pandemia, también la política u otros temas, y actúa como un aliado potentísimo del Coronavirus o de la polarización social.
Es otra plaga.
Muchos creemos que consumir “toda la información” nos hará entender qué es y qué implica la pandemia. Pero quedamos lejos de tomar decisiones acertadas.
La propia OMS alerta sobre el peligro que representa la infodemia y sus trastornos.
Es importante conocer cada día lo sustancial y lo veraz, sí, pero antes debemos filtrar el torrente de noticias y de fake news que nos bombardean.
El filósofo y escritir surcoreano Byung-Chul Han ha explicado los efectos de la sobre-información y sus secuelas.
En su ensayo ‘El Enjambre’ expone que un bajo nivel de inmunidad y la falta de filtros fortalece el flujo de la información nociva que nos inunda.
Cotidianamente, caen sobre todos una incontable cantidad de shirtstorms (tormentas mediáticas de mierda) que, aunque son de cierta duración, se repiten una tras otra.
La masa no filtrada de informaciones “genera que se embote totalmente la percepción” y es responsable de algunas perturbaciones psíquicas, aduce el escritor.
En El Enjambre, cita el síndrome ‘IFS’ (Information Fatigue Syndrom/Cansancio de la Información’) como una enfermedad psíquica que produce el exceso de información. Los afectados se quejan de una creciente parálisis de la capacidad analítica, perturbación de la atención, inquietud general
e incapacidad de asumir responsabilidades.
El concepto IFS fue acuñado en 1996 por el psicólogo crítico David Lewis, quien explicó que
en primer lugar afectaba a quienes en su profesión tenían que generar un gran volumen de información durante mucho tiempo.
Para el 2020, todos estamos afectados y la cantidad de informaciones aumenta sorprendentemente. Cada usuario de la red es un productor de información.
Un síntoma es la parálisis de la capacidad analítica, que constituye el pensamiento, el cual nos permite distinguir entre lo esencial y lo no esencial.
“Más información no conduce necesariamente a las mejores decisiones. Se atrofia la capacidad de juicio, y con frecuencia un menos de información produce un más”, expone.
Y explica:
“Más cantidad de información y comunicación no esclarece necesariamente el mundo por sí solas. La transparencia en la información tampoco lo hace clarividente. El conjunto de información por sí solo no genera ninguna verdad. No lleva ninguna luz a la oscuridad”.
Cuanta más información se pone a disposición, más impenetrable se hace el mundo y más aspecto de fantasma adquiere. En un determinado punto, la información ya no es informativa, sino desinformativa; la comunicación ya no es comunicativa, sino acumulativa. El cansancio de la información adquiere síntomas de la depresión, una enfermedad narcisista, ante todo.
“Conduce a la depresión, una relación consigo mismo exagerada y patológicamente recargada. El sujeto percibe sólo el eco de sí mismo. Se ahoga en el yo, fastidiado de sí mismo”.
Los efectos de la sobre-información trascienden al individuo. La sociedad también se hace cada día más narcisista. Redes como Twitter o Facebook agudizan esta evolución, fomentan la desvinculación social y la arbitrariedad en el corto plazo.
Así, “la totalización del presente aniquila las acciones que dan tiempo”, tales como responsabilizarse o prometer.
Quedarse en casa y no ser presas del miedo, la desesperación y la depresión parece ser la meta de cada día.
¡Alertas!

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