ISAURO TIRADO y el sitio de Mazatlán

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Justo Tirado
  • Estampas de nuestra historia

El 25 de abril de 1911, Mazatlán es sitiado por las fuerzas maderistas de Justo A. Tirado. Joaquín Méndez, Zeferino Conde e Isauro Tirado, a quienes se unieron Ángel Flores, Genaro Velázquez, Manuel A. Salazar y Juan Carrasco.

Justo Tirado, originario de Palma Sola, fue uno de los primeros en el sur de Sinaloa en conocer y tomar las armas por las prédicas de Don Francisco I. Madero. Bajo sus órdenes, Juan Carrasco, de Puerta de Canoas, su hermano Isauro.

Tirado se levantó en armas en Palma Sola y en abril decidió sitiar a Mazatlán, entablándose una lucha contra los federales en la que murió su hermano Isauro de manera temeraria. La plaza sería tomada por los revolucionarios hasta el mes de junio.
Carlos Filio describe así el episodio en que murió Isauro:

“Fue Isauro Tirado quien concibió el pensamiento de llegar por sorpresa hasta el Panteón Número Dos y lazar el cañón que estaba emplazado. La empresa era totalmente suicida porque comprendía en su ejecución todas las probabilidades de un desastre moral. Sin embargo, consciente el guerrillero de que su sacrificio no podría ser estéril, aprovecha la primera madrugada de la niebla para caminar sin ser sentido por entre el sector de fuego y lívido el rostro, agudizada la mirada como flecha, va atravesando las marismas sobre el lomo de su corcel hasta pararse frente al reducto donde con rápida destreza lanza la reata en el floreo de la mangana que cae sobre la boca del cañón.

“Pero al darse cuenta los federales de aquel acto de audacia, disparan la pieza en conjunto, creyendo que se trataba de todo el enemigo que venía tras de aquella proeza. Pero de pronto se sorprenden al darse cuenta que el fuego no se les contesta y sólo surge la voz del guerrillero que asido a la boca del cañón gritaba: ¡Viva Madero! ¡Viva Madero!

“Respetando tanto valor, los federales arrojaron el cadáver del guerrillero por sobre el campo enemigo y suspendieron los fuegos para que los suyos le dieran digna sepultura… Así murió D. Isauro Tirado, dejando sobre el pavimento su cólera vencida”.

Juan Lizárraga Tisnado
NOROESTE-Mazatlán, 25 de abril de 1984.

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