La Cuartilla/ Pal Negro del Valle del Jodido, que me dice: “leo tu Cuadrilla”

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Gildardo Izaguirre Fierro

EL REGETONAZO DE LOS 16 MILLONES
Y escucho el estribillo de JotaBalvin y Bad Bunny: “vamo a hacer maldade; no le pare y dale; Baby cuidao por ahí; que eso se te sale; que eso se te sale”. Es de la exitosa rola “Cuidao por ahí”, que narra el acto sexual donde el chavo le dice a la muchacha que ya hay mucho morrito y ella lo pide sin gorrito; la chica le dice con voz aguda: “dale papi que yo no me quito”.
Que ni duda cabe, el Regetón es un producto puro latino, cargado sin hipocresías de sexo explícito, que expresa la dominación del macho sobre la hembra. Nacido en los barrios bajos de Panamá, invade Puerto Rico y de ahí al mundo latino entero; primero era para la plebe prole y después cundió en segmentos amplios de la población juvenil urbana que lo asimila como un modelo de relación de pareja, como un estilo de vida (tal como los narcocorridos para la cultura buchona).
El éxito del Regetón (la grafía más usada es reggaetón), lo puede usted calibrar con la rola “Despacito”, que recorrió el mundo informando que Luis Fonsi y Daddy Yankee, son tan fregones que hacen que la chamaca, en pleno orgasmo, pegue de gritos y hasta olvide su apellido. Y mientras nosotros, muertos de envidia, revisamos el último resultado del antígeno prostático. No se vale.
Es contradictorio que cunda y expanda una expresión musical abiertamente machista, que promueve violencia física, psicológica y simbólica contra las mujeres; mientras también se avanza en el mundo y en américa latina en la lucha por la igualdad de las mujeres, por la defensa de sus legítimos derechos y el repudio a que se les considere sólo como objetos sexuales. Y todavía es más peligroso en un contexto actual de auge de feminicidios.
De la única protesta que tenemos noticia es de grupos de mujeres argentinas contra Maluma (la estrella del género), que en su rola “las cuatro Babys”, presume que tiene cuatro babys que: “siempre me dan lo que quiero; chingan cuando yo les digo; ninguna me pone peros”. Las chicas, con justa razón, repudiaron la rola, ya que se les tipifica como cosas sexuales, disponibles en todo momento y desechables cuando el macho lo considere.
Y la rola que puse al inicio “Cuidao por ahí”, sigue su curso y ya entrados en el éxtasis sexual (como en “la Casada infiel” de García Lorca, en donde los “sus muslos se me escapaban como peces sorprendidos”…) cuaja un excelso verso, dice J. Balvi: “el culo grande y el traje chiquito; ese queso yo te lo derrito”. Que más magia poética podemos pedir.
Pues ese personaje J. Balvi, el regetonero más exitoso del momento, fue seleccionado mediante los exquisitos criterios del Instituto de Cultura Municipal para coronar a una niña de reina del carnaval de Mazatlán, para lo cual saquearon el erario con 16 millones de pesos y se regaló el boletaje para promocionar al funcionario público.
Quién sabe si eso se puede tipificar como delito, desvío de recursos o algo así; pero de que fue un abuso de poder; una abusiva disposición de dinero que no es de ellos, de eso no hay duda; como tampoco lo es que los antivalores culturales de J. Balvi, coinciden con los del alcalde y su culto equipo. Despacito, paso a pasito.

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