LA CUARTILLA/ EL PUEBLO PONE Y EL PUEBLO QUITA/ GILDARDO IZAGUIRRE

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GILDARDO IZAGUIRRE FIERRO

Jamás los militantes de Morena, los que pateamos las banquetas y tocábamos puertas y les decíamos que votaran “cinco de cinco”, nos imaginamos escenas como las de arriba: la fuerza policiaca reprimiendo al pueblo.

Cierto, les pedíamos el voto para el Químico, no importaba que no lo conocieran, pero iba en el paquete con López Obrador. Mis compañeros de Brigada, el Torito, legendario líder obrero; el escritor Pedro Rodríguez (padre), el profe Prisciliano, de tradición lombardista, ahí a flor de banqueta armaban buenos debates con militantes de otros partidos. Nos ganaba el entusiasmo, sentíamos la conexión con la gente; claro que había gente que nos mentaba la madre con todo y Peje.

Y ganó el señor que se pone “El Químico”, pero perdió Morena. En una nota anterior, sugería que este señor padecía el Síndrome de Hibris, el cual se produce cuando una persona asume una posición de poder y no está preparada mentalmente, se le altera la química cerebral y se desequilibra la producción de neurotransmisores (dopamina, serotonina, etc.) y el paciente pierde piso, se desorienta, pero se siente el tipo más poderoso del mundo, el infalible, el macho alfa de la comarca, y en ese estado, es muy vulnerable a los aduladores y vivales.

Paul Preston, el biógrafo del dictador Francisco Franco, documenta que en los primeros meses del gobierno, se le acercó un personaje y le propuso invertir en un negocio que consistía en convertir el agua, si el agua del río Guadalquivir, del Duero, del río o pozo que fuera, en gasolina, y el muy pendejo cayó en la trampa. Tenía el síndrome de Hibris. Quizá esto explica porque este bendito señor compra la idea de una ficticia “riviera Mazatlán” o bien hacer del mercado municipal una copia de un mercado que vio en Madrid, para lo cual le estorban los locatarios y vendedores ambulantes.

La política es un arte, una disciplina, una ciencia y chingo de paciencia para construir consensos; eso es lo que no hay en la administración municipal y lo peor es que “no entienden que no entienden”. Los vendedores ambulantes, los locatarios del mercado, son ciudadanos de bien que se la parten día con día para ganar el sustento; son personas con las que se puede razonar y explorar diversos proyectos con los cuales nadie salga perjudicado; eso es la política tejer acuerdos, construir lo posible.

Cuando se recurre a la represión es que se les acabaron las ideas, si es que acaso las tuvieron. Lo que queda es la máxima popular: “EL PUEBLO PONE; EL PUEBLO QUITA”.

(NOTA: SE ACLARA QUE EL QUÍMICO NO ES MORENA)

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