Cucharada de Luna/ La crianza respetuosa/ Carolina Delgado

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La crianza respetuosa

Carolina Delgado

Es muy doloroso ver como hay niños de menos de 12 años de edad, que “bullean”, agreden y lastiman, no solo a sus padres y personas que los rodean, sino a sí mismos. Caso particular el del niño de Torreón, que cursaba el sexto año de primaria, que después de disparar contra varios de sus compañeros y maestros, se suicidó. O el más reciente, un niño que se ahorcó en una antena de conocido fraccionamiento aquí en el puerto.

Cuando tenía a mi bebé en la panza, pasaba horas imaginando como sería mi nueva vida, pasaba horas leyendo libros de lactancia, crianza, notas informativas y cualquier cosa que me ayudara a ser una buena madre. Sin embargo, de acuerdo con Carlos González (reconocido pediatra y papá), para ser buenos padres no se necesita ningún libro, ya que el simple hecho de traer un hijo al mundo, te convierte en madre o padre. Y así, como por arte de magia, personas que días antes eran inmaduras, egoístas o despreocupadas, asumen la responsabilidad de un recién nacido, y pasan desvelos para proteger, alimentar, cuidar y educar a su cría. Lógicamente este discurso que se avienta como introducción a sus libros (porque además Carlos es un reconocido escritor de libros de crianza respetuosa), es una muy mala estrategia de marketing (jejeje). No obstante, Carlos platica que él escribe para ofrecer a esos padres preocupados por la crianza de sus hijos, otro punto de vista que ayude a seguir sin miedo lo que su corazón y el de sus hijos piden, haciendo hincapié en que en cualquier conflicto, no dude en ningún momento que su hijo es más importante que cualquier libro.

Esta filosofía de crianza que promueve Carlos (y muchas personas e instituciones más), me atrapó fácilmente, sobre todo porque mi esposo y yo, desde el embarazo, también platicábamos sobre los planes que teníamos para el futuro de nuestro bebé, y siempre fue claro que queremos una crianza con amor.

Ahora que tengo a mi bebé en casa, me doy cuenta que desde sus primeros días un bebé hace notar su carácter, hace notar lo que necesita. Por increíble que parezca, mi esposo y yo hemos aprendido a conocer cuándo nuestro bebé tiene hambre, frío, sueño o tiene un moco que no lo deja respirar. Que si él necesita que le cambiemos el pañal, no dejará de llorar hasta que entendamos que llora precisamente por eso, porque está incómodo y que por más chichi que quiera darle (creyendo yo que tiene hambre), solo se calmará cuando esté limpio y seco. Esto permite darnos cuenta que un bebé no es un juguete ni un robot, un bebé es un nuevo ser, tan individual (pero no ajeno), como tú o como yo. Esto además, lo conocí a través de la crianza respetuosa.

¿Qué es la crianza respetuosa?

Es un estilo de vida. Es promover el respeto, la empatía, la coherencia y sobre todo el amor en la crianza, para así gozar de un aprendizaje continuo (porque han de saber que los niños también enseñan, y mucho).

La verdad que, en este mundo lleno de mitos, creencias y consejos no solicitados, es muy difícil poner en práctica la crianza respetuosa. Muchas veces me he sentido juzgada por correr a atender a mi bebé cuando escucho su llanto, sobre todo con frases como: “tranquila, tiene que llorar para que maduren sus pulmones”, o “no lo cargues tanto, se va a embracilar”. En lo personal el llanto de mi bebé genera un caos interno, suficiente como para salir corriendo a escuchar qué tiene que decirme (porque así como les comenté unas líneas antes, día a día, aprendo lo que quiere decirme). Con esto no quiero decir que mi nueva vida sea un lecho de rosas; hay días en que termino devastada y enloquecida, pero lo tomo como un reto para hacerlo mejor, porque criar de manera respetuosa es tratar de hacerlo lo mejor posible, sin reprocharme por cosas que a veces se me salen de las manos. Criar con amor, es seguir adelante, por amor propio y por amor a nuestros hijos (es aquí donde entra la parte de la coherencia, me amo para amar y me respeto para respetar).

Asimismo, la crianza respetuosa nos enseña a ponernos en el lugar de nuestros hijos. ¿A poco si tú estuvieses hecho pipí, vas a sentarte a la mesa a comer a gusto?, ¿no, verdad? Y si tu esposa te dice – ¡Cállate, que ya te serví y vas a comerte estos tamales de pollo! (aunque ni te gustan los tamales, y menos de pollo), ¿menos, verdad? Es así como a través de la empatía tratamos de comprender lo que nuestros hijos sienten y dar importancia a eso que sienten y respetarlo. 

Tampoco se trata de dejar que los niños hagan lo que quieran y que nos brinquen en la cabeza, ya que se puede educar en el amor, sin golpes, con disciplina y marcando límites. Sin duda, la crianza respetuosa es todo un reto. En mi caso, estoy iniciando este reto, llena de miedos, pero con la firme convicción de que criar amorosamente es una manera de cambiar al mundo. Ese mundo donde existen niños con muchas, muchas cosas que decir, pero no escuchados (quizá sea el caso de alguno de los dos niños que comentaba en las primeras líneas), que siguen los patrones con los que nosotros crecimos, donde callar en momentos difíciles, no llorar y no manifestar el amor es lo normal.

No sé ustedes, pero yo no quiero seguir con esta postura, yo deseo, quiero y necesito que mis hijos (si es que llego a tener más), se sientan amados y atendidos, y recurran a mí sea cual sea el problema y que no tengan que hacer malabar y medio con tal de llamar mi atención u obtener mi amor.

Si tienes hijos o planeas tenerlos, espero de corazón que sea con la conciencia de que todas tus acciones impactarán en su vida, a final de cuentas, es tu retoño, y todo lo que vea en ti, será en él. En mi caso, me guío mucho por mi instinto, así como la macaquita, pero esa es otra historia…

Si tienes dudas sobre esta forma de vida, puedes leer al respecto, hay mucha información que podría ayudar. Incluso existen estudios donde se ha demostrado que personas maltratadas desarrollan problemas emocionales y mentales, uno muy bueno es el que se relaciona con el caso del “orfanato donde los bebés no lloran”. Además les recomiendo un libro que me gustó mucho que se llama “Comer, Amar, Mamar”, de Carlos González, que lo aprovechen.

*La Doctora Carolina Delgado es una investigadora científica, también es pintora y madre de familia, colabora regularmente en www.reportenaranja.com.mx con su columna “cucharada de luna””, con temas de ciencia, maternidad y arte.

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