Cucharada de Luna/ Amor ciclista / Carolina Delgado

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Hace cuatro años comenzó mi gustó por eso de los paseos en bicicleta, al unirme a un equipo de ciclomontaña, y les puedo decir, que haberlos encontrado me cambió la vida. Recuerdo la primera vez que salí con ellos; era un día de abril, fuimos a El Habal, una sindicatura cerca de la ciudad de Mazatlán, a tan solo 10 km. Créanme que fueron los 10 km más largos de mi vida. El sol estaba inclemente, además que tenía condición cero, por lo que esa rodada fue todo un suplicio. Sin embargo, más pudo la camaradería que viví ese día, porque me motivó a querer seguir experimentando las aventuras que se vivían cada fin de semana.
Así pasaron los meses hasta que llegó el reto de la carrera Durango-Mazatlán; es un paseo donde en dos días, cruzas la sierra desde Durango hasta llegar al puerto. El día antes de la ruta fue la cena de carbohidratos. Esa noche conocí a K, aún lo recuerdo vívidamente. A pesar de que éramos del mismo equipo no nos conocíamos, ya que él apenas empezaba a rodar, y ese fue su primer paseo. Sin afán de nada inicié la conversación. Esa plática permitió que al día siguiente pudiésemos hablar un poco más, conocer sus rutinas deportivas y hacernos compañía durante el camino. Terminamos la ruta y el flechazo ya se había dado, lo demás es historia, hoy soy su esposa.
¿Por qué les platico esto? Hoy, mientras manejaba rumbo al trabajo me estresé un montón. Carros y carros por todas las calles y avenidas, pitando con locura, cruces congestionados, caos total. Pensé: qué diferente sería la vida mazatleca si pudiésemos llegar al trabajo en bici, En mi caso no puedo hacerlo, ya que en auto tardo 40 minutos en promedio para llegar. Además que necesito llegar bien línea, y con estos calores mazatlecos, no es muy conveniente.
Según datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), desde la década de los 50, la población de la urbe incrementó exponencialmente. Lo anterior implica alto número de vehículos desplazándose, que congestionan las principales rutas y avenidas de las ciudades, y que de acuerdo con el Instituto Mexicano de la Competitividad, A.C. (IMCO), estos desplazamientos solo alcanzan en promedio hasta 15km/h (cuando no es hora pico).
Se dice que el tiempo perdido en Mazatlán, a consecuencia del tráfico, es de 91 horas al año ¿Qué no haría con 91 horas? Tiempo me falta con tantas actividades diarias.
Ahora, regresando a la historia de la bicicleta, les cuento que esta maravilla se ha convertido en una opción de transporte, con el fin de moverse más eficientemente. Sin embargo, aun cumpliendo las reglas de tránsito, esta alternativa es un deporte de alto riesgo. Les explico.
No es broma, de camino a mi trabajo, conté a 11 personas en bicicleta circulando en sentido contrario, que, por si no sabían, de acuerdo a las leyes de tránsito, eso está prohibido. Además, todo ellos circulaban sin casco. Luego, las personas en automóvil no respetan la distancia necesaria entre el ciclista y el automóvil. Y por supuesto, no hay ciclovías que permitan el traslado seguro, ahí va uno, esquivando obstáculos, con la bendición de Dios.
En diversas ciudades del mundo, es ya más común ver a muchas personas utilizar su bicicleta, ver estaciones de servicio y ciclovías. No obstante, a pesar de que en Mazatlán nos falta mucho de cultura bicicletera, la idea está planteada. En el puerto existe un colectivo en pro del uso de la misma, llamado “Rueda Verde”, cuyo objetivo es promover el uso de la bicicleta como medio de transporte sustentable, y proponer ideas e iniciativas para lograrlo.
Si ya la bicicleta te posee, y te diste cuenta de que el ciclismo es un deporte que te ayuda a mantener en equilibrio la mente y el cuerpo, y sobre todo has reconocido los beneficios de salud que acarrea, no olvides que es importante rodar con mucha cautela, no simules que estás en el tour de Francia y vayas “hecho la mocha”. Recuerda que los peatones tienen prioridad, y sobre todo es tu responsabilidad cuidarte.
Ojalá que no en mucho tiempo, el sueño guajiro de llegar a diferentes destinos (como a la chamba, por ejemplo) usando este medio de transporte, sea posible. Por lo pronto, los invito a probar las mieles de la bici, capaz que en una de esas hasta conocen al amor de su vida, como me pasó a mí. A pesar de que actualmente me estoy recuperando del posparto, ansío la hora de escuchar a mi esposo preguntarme: ¿salimos a rodar?, para compartir vivencias, experiencias, y así seguir con nuestro amor ciclista…

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