MAXIMILIANO RUIZ ARIAS: VOLVERÉ COMO LUZ/ GILDARDO IZAGUIRRE

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Vamos a hablar del Príncipe Cáncer,
Señor de los Pulmones, Varón de la Próstata.
J. Sabines

Papel de viento/Pluma de carne/ Avísale a los Compañeros/ Ha muerto Max Ruiz / Dos veces hombre/ Padre y Compañero: Avísales.

“Volveré como luz”, me dijo Max Ruiz, hace unas semanas cuando le hice la última llamada; él estaba muy consciente que el Varón de la Próstata, que el señor de los pulmones, le estaba ganando la batalla.

Ahora bien, yo no sé si volverá como luz; de lo que estoy seguro es que su ejemplo de lucha, de persistencia, de entusiasmo por lograr cambios profundos en la sociedad mexicana perdurará en nuestras mentes y corazones. Te vamos a extrañar Pinche Marx.

Lo acompañé en su primera campaña de candidato a Diputado por el que antes fue el octavo o noveno distrito; yo podía nada más los fines de semana y ahí nos íbamos a los pueblos del sur de Mazatlán; la comitiva era de tres a veces de cuatro y de vuelta comíamos pollos en los asaderos empolvado de Villa Unión.

La estrategia era sencilla: megáfono en mano, me adelantaba por el caserío y anunciaba la presencia del candidato a Diputado; él se apersonaba en la casa y la idea es que se presentara en dos tres minutos y la siguiente; pero con Max era imposible cortarle el rollo, teníamos que ir a rescatarlo, en la mitad de una exposición sobre las células madre, las galaxias, los neurotransmisores, la biblia, los mayas, etc.

Era un tipo extraordinario con una vasta cultura y una excelente claridad y precisión conceptual; además su tiempo de radio le permitió construir una efectiva pedagogía del discurso: sabía administrar el verbo y generaba empatía.
Cuando fue electo Diputado Federal supe que Morena había ganado un excelente tribuno parlamentario; pero por desgracia, ya iba herido por las mitosis cancerosas y con sus facultades biológicas muy disminuidas; poco a poco el cangrejo maligno lo fue carcomiendo; en las últimas semanas, con humor resignado, le decía a sus amigos: “mi cuerpo es un arbolito de navidad, en todas las células brilla el cáncer”.

Max reclutó a muchos militantes de Morena, me cuento entre ellos; yo le decía: “la lucha electoral es un asunto de la burguesía”: y me respondía: “pues quédate con tus libros y que la historia te pase por un lado”.

Y vaya que tiene razón: la lucha hay que darla en todos los campos: sindical, popular, electoral, parlamentaria y en la capacidad de gobernar. No importa lo que digan los marxistas de academia y los marxistas de sectas conspiratorias. Y no seremos enfermeros del capitalismo; sino constructores de una sociedad igualitaria; de un socialismo comunitario; donde ningún ser humano sea explotado por otro.
Una enseñanza de Max es que hay que darle confianza a la gente de que somos alternativas para cambiar las condiciones de dominación; que sí se puede cambiar la correlación de fuerzas y avanzar en la emancipación de los más pobres, de los más jodidos; por eso, el mejor homenaje que le podemos hacer a Maximiliano, es construir una verdadera Dirección Política que profundice los cambios sociales y económicos que estamos esperando todos los mexicanos. Hay que darle la batalla a la burocracia política.

Max, en su primera campaña.

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