INFORME PRESIDENCIAL / Blanca Nieves Palacios Barreda

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“Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Sería esencialmente un sistema de esclavitud en el que gracias al consumo y entretenimiento los esclavos amarían su servidumbre” Aldous Huxley (1932)

Un grupo musical abriría, como se dice en el argot artístico, la presentación del informe del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), con su grupo de mujeres semidesnudas bailando, para complacencia de los hombres que ahí acudieron, las cejas fruncidas de las mujeres y los muchos niños boquiabiertos ante el espectáculo, con las pancartas que le pusieron en sus manos, hacía abajo, casi en el suelo; sin duda les falló a los organizadores, no era ese espectáculo propio para un evento tan importante y esperado por los mexicanos, ese 1° de diciembre de 2019.

La felicitación a AMLO, es obligada, los logros aplaudidos, sin duda, son muchos millones de ciudadanos, a los que se ha beneficiado con el otorgamiento de pensiones a personas de la tercera edad y discapacitado; becas a estudiantes, desde el nivel preescolar; cantidades que se dan a jóvenes aprendices de oficios en diversas empresas y la nulificación de la tan aborrecida Reforma Educativa, que aprobaran los diputados de la legislatura pasada al servicio de Enrique Peña Nieto.

La algarabía reinaba en el zócalo de México, porque además de ver y oír a AMLO verían al ex presidente José Mújica y al presidente Evo Morales; una hora y media aproximadamente duró la exposición del informe, en el que dio a conocer todo lo que ha venido diciendo en sus conferencias mañaneras y en sus recorridos de fin de semana a diversos municipios.

AMLO, ha demostrado tener la habilidad de que, todas aquellas promesas incumplidas y la persistente y brutal inseguridad que padecemos, así como el estancamiento económico, lo hace aparecer como algo que no tiene mucha importancia y será superado con la estrategia a la que se aferra: “abrazos no balazos”, “perdón y olvido”; y todas esas frases tan recurrentes que utiliza para decir que: “todo va bien”, “el pueblo está feliz”, y “guacala y fuchila a la corrupción”, y la gente le aplaude, lo abraza, se retrata con él, pero cada vez que puede le entrega cartas, sobre las cosas que andan mal, las toma y se las pasa algún ayudante y no sabemos qué pasará con ellas; pero si escuchamos las respuestas que da a los periodistas asiduos a las “mañanera” cuando no están de acuerdo con él: “yo tengo otros datos”, “la información que tengo es otra”.

AMLO, está feliz, él sí esta feliz, logró su objetivo de ser presidente de México, y muchos mexicanos también estamos felices de que no fuera un priistas o un panista, quien siguiera ocupando la silla presidencial para no seguir escuchando aquellas frases de: “ni los veo ni los oigo”, o aquella que profiriera un diputado al subirnos los impuestos: “nos los chingamos” o la de: “yo gané haiga sido como haiga sido”.

Pero los ciudadanos tenemos todo el derecho de, también presentar nuestro informe, sin que esto implique que seamos etiquetados, dicho con el eufemismo que acostumbra, “adversarios “, cuando se da un trato de enemigo.

El hoy presidente AMLO, esta en deuda con muchos de sus compañeros de lucha, que le ayudaron a formar el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), que lo defendieron de los ataques de priista, panistas y de toda la clase empresarial, que nos tenían con un pie en el pescuezo, y fueron fieles militantes durante sus 18 años de campaña, y no ha tenido la humildad de ofrecer disculpas a todos ellos, por el hecho de hacerlos a un lado y tener la osadía de señalarlos como infiltrados del gobiernos priistas, para abrir las puertas de par en par a todos esos sus detractores, que hoy por hoy, actúan como lo que son, unos verdaderos corruptos enemigos del pueblo.

No puede el presidente hablarnos en función de su religiosidad evangelista, de que los empresario millonarios son los mejores ciudadanos mexicanos; no puede decirnos que, el presidente Trump es nuestro amigo y se porta muy bien con los mexicanos; no puede hablarnos de que nuestra moneda esta fuerte, si estamos pagando casi 20 pesos mexicanos por un dólar y, menos tiene el derecho de decirnos que, la deuda externa asciende a mas de 10 billones de pesos y que la vamos a pagar, mientras los que nos endeudaron andan libres y disfrutando de lo robado.

Como todo presidente ha hecho las reformas a nuestra Constitución según sus deseos y conveniencias; quienes lo conocen y han estado cerca de él, lo describen como una persona: terca, obstinada, que no sabe escuchar y actúa según su intuición y su muy particular forma de ver las cosas y su conveniencia.

Elisur Artega Nava, Abogado Constitucionalista, quien fuera asesor del presidente en varios casos, afirma que: “en su actuación desde presidente electo ha dejado claro que si la ley le ayuda, la respeta; si no, la cambia. Si le obstaculiza, la ignora. Si considera que lo que hay no le basta, entonces cambia la Constitución” (Jorge Carrasco Araizaga, Proceso 2248).

Esto no solo lo ha visto el Abogado Arteaga, muchos ciudadanos hemos venido viendo la metamorfosis de AMLO, desde antes de que fuera electo presidente y, se reafirma, al conformar su gabinete y constatar que, pareciera que sus compromisos los esta cumpliendo a cabalidad, y no precisamente con el pueblo.

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